Huehues, viejos payasos

  • Férrea Memoria
  • Moisés Ramos Rodríguez

Puebla /

Huehue es un término náhuatl para referirse al viejo, al anciano, mas también al sabio: en el antiguo México, al cumplir 52 años de edad, la persona se convertía en sabia, y ya le era permitido, por ejemplo, tomar pulque sin restricción, porque ya podía mediar cuánto beber o cuánto abstenerse; podía guiarse y guiar a otros.

Pero ni Garibay Kintana, ni León-Portilla ni Lander citan otro significado de huehue: el payaso, el comediante y —hoy podemos decirlo— el clown.

En las naciones originarias de lo que hoy es México, estaba presente ese comediante, el bufón o, como todavía podemos verlo, el acróbata, el maromero, pariente cercano del aunque no, clown.

Así, el huehue es el viejo sabio que da consejos, el que usa de la huehuetlatolli, la palabra antigua, de sabiduría; pero también quien sabe ver y usar el lado gracioso, hilarante de la realidad, para no vivir en la locura de la rigidez.

En la antigua Ciudad de los Ángeles, los tlaxcaltecas llegaron para establecerse en barrios como los de San Francisco, El Alto, San Juan del Río o Xonacatepec, y con ello trajeron su cultura que incluía al huehue, al comediante.

Ese huehue es quien en el carnaval sale a trastocar la realidad en las calles, el que bebía con exceso —hoy se los han prohibido—; baila hasta el agotamiento, se burla de sus prójimos —y próximos— se viste de lo que no es (la maringuilla), y usa su látigo para hacer sentir al demonio, al enemigo, al contrario.

Ahora veremos a los huehues en cuadrillas recorrer ciertas partes de la Angelópolis, aunque no toda: principalmente por barrios, colonias y unidades habitacionales donde mostrarán su poderío: no todo es negro, no todo es blanco; ahí donde parece que todo es rígido, la realidad puede romperse con música, danza, máscaras y disfraces.

Hoy pocas personas ayunan y se guardan en la semana santa católica, pero sus antecedentes culturales están presentes en la antigua Ciudad de los Ángeles: vivir la fiesta antes de la abstinencia, por elección, no por imposición e irracionalmente, preparándose para recordar que polvo son, y en polvo se convertirán.


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