El rival no está en la cancha

Tamaulipas /

Cada cuatro años el mundo se detiene. La Copa Mundial de Futbol se celebra como una fiesta capaz de unir naciones, fortalecer identidades, despertar pasiones y generar violencias que, en ocasiones, configuran delitos.

Así es. No todo se apega al espíritu deportivo; en la gran fiesta futbolera también aparecen violencias que encuentran su detonador en el futbol y su origen en la masculinidad tradicional y hegemónica.

De acuerdo con ONU Mujeres, durante los grandes eventos deportivos se reportan incrementos de hasta un 30 por ciento en las llamadas a líneas de emergencia por violencia familiar; también se registran casos de violencia sexual, acoso, explotación sexual y trata de mujeres y niñas.

Sin embargo, el problema no es el futbol. Estas violencias mundialistas se edifican dentro de culturas patriarcales que han enseñado a muchos hombres que la masculinidad debe demostrarse mediante la dominación, la agresividad y el control. Un modelo cultural que asocia ser hombre con la superioridad, la competencia extrema y el rechazo de cualquier muestra de vulnerabilidad, lo femenino. Por ello, el desprecio y la cosificación de lo femenino se exacerban.

Cuando una derrota deportiva se percibe como una humillación, la victoria como dominación y poder, y el rival deportivo como un enemigo, se reproducen patrones propios de la masculinidad hegemónica. Al combinarse con el consumo de alcohol, otras drogas y los discursos de odio, estos patrones pueden convertirse en un caldo de cultivo para distintas manifestaciones de violencia, particularmente contra las mujeres.

Durante el Mundial de Qatar 2022, la FIFA analizó más de 20 millones de publicaciones y comentarios en redes sociales y detectó 19 mil 636 mensajes abusivos, discriminatorios o amenazantes dirigidos a jugadores, entrenadores y oficiales deportivos.

Una realidad preocupante detectada en este estudio fue que alrededor del 17 por ciento de los mensajes eran de índole sexual, más del 13 por ciento eran expresiones sexistas, 12 por ciento homofóbicas, casi 11 por ciento racistas y más de 5 por ciento incluían amenazas de violencia. En las rondas semifinales y finales del mundial, las agresiones se volvieron más extremas y comenzaron a involucrar amenazas dirigidas a familiares de los jugadores. En cuanto a las víctimas, se detectaron casos de ansiedad, depresión, aislamiento social, trastornos del sueño e incluso riesgo suicida.

Estos datos muestran que la masculinidad hegemónica no solo afecta a las mujeres. Los propios hombres machistas son víctimas de sus conductas temerarias e ilegales, fruto del mandato de demostrar fuerza permanente y castigar cualquier signo de fragilidad; por lo que es indispensable identificar que el verdadero adversario no estará en la cancha, sino en nuestra cultura machista.

Por ello, la conquista más importante no será el partido de los cuartos de final, porque el rival no está en la cancha, sino en entender que la verdadera fortaleza masculina reside en el respeto, la empatía y la igualdad.

Solo entonces, la Copa del Mundo, la máxima fiesta del futbol, dejará de ser un escenario donde también se juegan y se pierden los derechos y la seguridad de todas las personas, especialmente de las mujeres y niñas.


  • Nohemí Argüello Sosa
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