A dos meses de las elecciones presidenciales de Brasil, el gigante de América del Sur, los focos políticos de la derecha y la izquierda están fijos en esta contienda. No es para menos.
El domingo 4 de octubre se define el futuro de Brasil.
Los analistas brasileños dicen que ambos candidatos “están en un empate técnico”. Esto ocasionará una segunda vuelta, la que definirá si Lula da Silva, el veterano, luchador e incansable mandatario, el obrero metalúrgico pobre, líder del Partido de los Trabajadores (PT), que después de varias derrotas llegó al Palacio de Planalto y logró sacar a millones de brasileños de la pobreza y que disputa su reelección, triunfará o será su contrincante, el senador de la derecha Flávio Bolsonaro, amigo del argentino ultraderechista Javier Milei e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, preso con condena, por intento de golpe de Estado.
Reñida e inundada de fake news y videos que circulan por TikTok, realizadas con IA, donde personajes falsos hablan a favor de uno u otro candidato, a pesar de que la ley electoral de Brasil prohíbe estas prácticas, el ambiente se siente complejo y pesado.
El sitio de investigación brasileño Aos Fatos, reconstruyó más de 50 publicaciones que acumulan 8 millones de reproducciones. A esto se suma una red argentina de nombre Agencia Lupa, que lanzó la información falsa de que una “ola de inmigrantes marroquíes arribó al Brasil” y le echó la culpa a Lula. Todo mentira. Los investigadores no lograron descubrir de dónde salen los videos: “No vienen de Lula y tampoco de Bolsonaro, pero logran manipular a millones”, aseguran.
El analista y economista Bernardo Weaver explica que este veloz crecimiento electoral de Flávio Bolsonaro no se debe a que capitalizó los seguidores de su padre, sino que “los brasileños rechazan la política exterior de Lula, su enfrentamiento con Estados Unidos y sus vínculos con China. Critican la política de Seguridad y existe cierto hartazgo del PT (Partido de los Trabajadores). El movimiento anti Lula es mayor que el movimiento anti Bolsonaro y ahora, el mercado financiero y las élites económicas, están a favor de Bolsonaro”.
Así las cosas en Brasil a poco de la gran contienda: un turbulento océano de incertidumbre y sombras.
Dicen quienes la frecuentan, que la presidenta Claudia Sheinbaum “está nerviosa” por el resultado de las elecciones de Brasil, sentimiento absolutamente comprensible. De excelente relación con Lula, con quien platica asiduamente sobre la situación política y económica de la región, las amenazas intervencionistas de Estados Unidos, —es decir de Trump— en AL y de los planes para fortalecer a ambas economías; esta elección, que según los analistas, favorece a Flávio Bolsonaro, en las antípodas políticas e ideológicas de la presidenta mexicana, se entiende que le preocupe.
El avance de la derecha en el continente, —si Lula no gana— la deja sola. Y traerá más pobreza, injusticia y desigualdad. Confieso que igual que Claudia Sheinbaum, yo también siento lo mismo que ella.