El gobierno de Clara Brugada aprobó el último examen para el Mundial de la FIFA 2026. Aunque con vicisitudes serias, como el deceso de un aficionado o protestas múltiples en los alrededores del estadio, el operativo de seguridad y movilidad Última Milla tuvo los resultados esperados, por lo que la Ciudad de México se declara lista para recibir uno de los eventos de mayor afluencia y trascendencia internacional.
Más allá del empate a cero entre México y Portugal, la reapertura del estadio Azteca —ahora Banorte— fue un verdadero festejo para los más de 80 mil aficionados que alcanzaron boleto. Se superaron las dudas sobre una sede sin acceso vehicular y se recuperó la confianza en el transporte público, que funcionó como se planteó.
Este modelo de restricción vehicular, diseñado y operado por los secretarios de Movilidad, Héctor Ulises García, y de Seguridad Ciudadana, Pablo Vázquez, será el que se ponga en práctica durante la Copa para garantizar la integridad y el traslado de los aficionados. El objetivo es mantener un control total de las zonas aledañas al estadio, donde se concentrará la mayor afluencia de turistas.
El examen incluyó las esperadas protestas ciudadanas: madres buscadoras se movilizaron para exigir mayor atención, colectivos pro Palestina desplegaron pancartas y lanzaron amenazas de impedir la circulación, y hubo cierres no programados en el Periférico por protestas antigentrificación.
Los cuerpos de seguridad supieron sortear y contener a los manifestantes, como tendrán que hacerlo en unos meses con las manifestaciones de la CNTE. Con sus áreas de oportunidad, el resultado fue aprobatorio.
Palabras Clave
Afuera, el Estado respondió con precisión: coordinación, movilidad, control. Pero adentro, donde la responsabilidad cambia de manos, todo se descompuso. Sin señalización, sin rutas peatonales, sin logística básica, el acceso al estadio se convirtió en un laberinto improvisado y peligroso, donde miles de personas caminaron entre vehículos y perdieron horas buscando una puerta. No fue una falla menor, fue un colapso operativo. Porque mientras la autoridad cumplió, la administración del estadio quedó rebasada.