Maru Campos y el precio de desafiar al poder

Ciudad de México /
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M+.- Maquiavelo sostuvo en El príncipe que la prudencia política implica elegir el menor de los males. Esa idea ayuda a leer una decisión reciente: ¿por qué Maru Campos hizo públicas, semanas después, sus versiones de un encuentro privado con Claudia Sheinbaum, si sabía —o debía saber— que eso dañaría la confianza con la Presidencia? No hay evidencia pública de un acuerdo formal de confidencialidad; sí de una conversación que se esperaba reservada.

La gobernadora de Chihuahua no salió de aquella reunión para contar lo ocurrido. Esperó varias semanas. Después habló de reclamos, gritos y desacuerdos, y justificó su decisión como una defensa frente a las versiones de un supuesto pacto con Morena. No fue una indiscreción inmediata: hubo tiempo para medir consecuencias. Pero deliberar no garantiza acertar.

Maquiavelo distinguía entre la virtud, la capacidad del gobernante para actuar con audacia y oportunidad, y la fortuna, las circunstancias que escapan a su control. Campos exhibió audacia al desafiar públicamente a la Presidenta. Lo que aún no sabemos es si calculó su capacidad para soportar la respuesta.

La política no consiste sólo en ganar discusiones, sino en conservar instrumentos para gobernar. Chihuahua necesita coordinación federal en seguridad, agua, infraestructura y asuntos fronterizos. La Presidenta no puede destituir a una gobernadora por confrontarla, pero la confianza política, una vez rota, es difícil de reconstruir.

La reacción presidencial confirmó ese costo. Sheinbaum no desmintió la tensión —reconoció que “levantamos la voz en algún momento, sí, las dos”—, pero la reencuadró por completo. Reveló que fue Campos quien, en esa reunión, culpó a su exfiscal César Jáuregui de la entrada de los agentes y de tener casinos, y que también acusó a Ariadna Montiel de tener nexos con el narcotráfico sin presentar pruebas hasta ahora. Y remató con una frase que despojó a la gobernadora del papel de víctima: “No es una conversación de dos amigas, está hablando la gobernadora de Chihuahua con la Presidenta de la República”. La relación, dijo, seguiría siendo institucional. El desafío no quedó impune: quedó administrado por la parte con más recursos políticos.

Aquí surge la pregunta que nadie ha respondido: ¿Maru actuó sola? ¿Consultó a la dirigencia panista, a sus asesores, a algún aliado con peso nacional o internacional? ¿Existe alguien que le haya prometido respaldo? No hay pruebas públicas de un aliado con ese peso, pero conocer quién participó en el cálculo ayudaría a entender la ruptura.

También hay que mirar el calendario. En 2027 Chihuahua elegirá gubernatura y se renovará la Cámara de Diputados. Y, más adelante, llegará la sucesión presidencial de 2030. En esa batalla, la cercanía con Sheinbaum puede interpretarse como cooperación o concesión. Campos eligió despejar cualquier sospecha de entendimiento, aunque para hacerlo tuviera que convertir una conversación reservada en confrontación nacional.

Puede leerse como una disputa por el relato: desplazar la atención desde las responsabilidades por la presencia de agentes estadunidenses hacia la imagen de una gobernadora que no se doblega. Pero el movimiento tiene un riesgo: la respuesta presidencial reabrió preguntas sobre el exfiscal de Chihuahua y las decisiones tomadas en aquella operación. Quien abre una conversación privada al escrutinio público pierde el control sobre lo que la otra parte puede revelar.

Maquiavelo enseñó que no basta con conquistar una posición: hay que saber conservarla. Maru Campos quizá buscó proteger su autonomía ante su partido o ante intereses que no ha explicitado. Quizá intentó adelantarse a una ofensiva política. O quizá subestimó el costo de romper la confianza presidencial. Ninguna hipótesis está probada.

En política, desafiar al poder no siempre es un error. El error puede consistir en confundir la capacidad de desafiarlo con la capacidad de administrar las consecuencias. La pregunta de fondo no es por qué Maru habló, sino si tenía una estrategia para el día después o solamente un motivo para romper el silencio.

Adlemi Vilchis


  • Oscar Cedillo
  • Director General Editorial de Grupo @Milenio. Journalist, Digital, DJ and Biker / Escribe todos los lunes su columna Contraseña
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