Sheinbaum: el poder y su sombra

Ciudad de México /
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M+.- La presidenta Claudia Sheinbaum llegará a su Segundo Informe en una posición bastante más cómoda de la que muchos imaginaron cuando comenzó su sexenio. No porque México haya resuelto sus problemas —algunos ni siquiera están en camino de solucionarse—, sino porque consiguió algo particularmente complicado: construir un gobierno propio sin romper con Andrés Manuel López Obrador y, al mismo tiempo, establecer una relación funcional con Donald Trump.

Su mejor resultado está en seguridad. Los homicidios dolosos pasaron de un promedio de 86.9 diarios en septiembre de 2024 a 42.5 en julio pasado: una reducción de 51 por ciento y 44 asesinatos menos cada día. En estos 22 meses, además, han sido detenidas más de 63 mil personas por delitos de alto impacto, aseguradas más de 32 mil armas y 518 toneladas de droga.

Los números permiten afirmar que algo cambió. Sin anunciar la muerte de los “abrazos, no balazos”, Sheinbaum modificó en los hechos la estrategia: inteligencia, investigación, detenciones, golpes directos contra las estructuras criminales y, en especial, contra los “generadores de violencia”. Omar García Harfuch se convirtió en el ejecutor de esa política.

Pero quizá su mayor éxito político ocurrió fuera del país. La Presidenta aprendió rápidamente a tratar con Donald Trump: evitar la confrontación innecesaria, mantener comunicación directa y negociar seguridad, migración y comercio sin convertir cada diferencia en una crisis bilateral.

La economía también le dará argumentos para el Informe. El PIB creció 1.9 por ciento anual durante el segundo trimestre; la inflación se ubicó en 3.26 por ciento en la primera quincena de agosto y México captó casi 35 mil millones de dólares de inversión extranjera directa durante el primer semestre.

No es todavía el crecimiento que México necesita, pero tampoco ocurrió la catástrofe económica y financiera que algunos pronosticaban con el regreso de Trump.

El más complicado problema para Sheinbaum parece estar, paradójicamente, dentro de casa.

La Presidenta ha demostrado mayor capacidad para gobernar al Estado que para gobernar a Morena. Puede coordinar secretarios, modificar políticas y negociar con Washington, pero continúa pagando las facturas de gobernadores, legisladores y personajes de su movimiento. Rubén Rocha Moya es quizá el ejemplo más incómodo, pero no el único.

Y sobre todos ellos permanece la figura de López Obrador.

Ahí está quizá la mayor paradoja de su Presidencia: AMLO es el origen de su fortaleza y, simultáneamente, el límite de su autonomía. López Obrador construyó el movimiento, le heredó una estructura político-electoral de alcance nacional y fue determinante para llevarla a Palacio Nacional; pero esa misma figura continúa proyectando su sombra sobre el gobierno.

No existe necesariamente una ruptura entre ambos —y no se augura tampoco en el futuro cercano—, pero dos centros de gravedad difícilmente pueden coexistir indefinidamente dentro del mismo movimiento. Cada intervención desde Palenque, cada decisión atribuida al expresidente y cada grupo que sigue mirando hacia él antes que hacia Palacio Nacional alimentan la percepción de que todavía existe un poder detrás del poder.

A ello se le suma otro pendiente: la corrupción. Mientras el gobierno presume golpes contra narcotraficantes, huachicoleros y organizaciones criminales, falta demostrar que esa misma determinación puede aplicarse contra políticos del propio movimiento cuando existan elementos para investigarlos.

Después del Informe comenzará otra etapa.

Sheinbaum ya demostró que puede gobernar sin confrontarse con López Obrador y negociar con Trump sin doblarse ni patear la mesa. Ahora viene algo más difícil: dejar de administrar una herencia para construir definitivamente su propia Presidencia.

Porque López Obrador fue indispensable para llevarla al poder.

El siguiente desafío de Claudia Sheinbaum será demostrar que ya no lo necesita para ejercerlo.


Mejor resultado

Los homicidios dolosos pasaron de un promedio de 86.9 diarios en septiembre de 2024 a 42.5 en julio pasado: una reducción de 51 por ciento y 44 asesinatos menos cada día.

Alfredo San Juan


  • Oscar Cedillo
  • Director General Editorial de Grupo @Milenio. Journalist, Digital, DJ and Biker / Escribe todos los lunes su columna Contraseña
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