Con la gira de este fin de semana de la Presidenta Sheinbaum por el Estado de Hidalgo y que culminó en Zumpango, Estado de México, para inaugurar el Tren Felipe Ángeles, seguramente ha podido constatar que más vale que habitúe a su equipo a hacer las cosas bien a la primera o, conforme pase el tiempo, las pifias, descuidos y mentiras sobre los avances y resultado en cada rubro de la administración podrá pasarle una costosa factura.
El sábado en Hidalgo, contra lo que ella sostenía, varios ciudadanos simpatizantes con su proyecto le demostraron que el abasto de medicamentos aún no está en nivel satisfactorio, al grado tal que se lo fueron a reclamar sin temor al foro del evento en el que presumía resultados, por lo que con gran tino decidió ir enseguida personalmente a constatar lo que le reportaron y asumió la situación comprometiéndose a corregirlo en breve.
Ya el domingo en la terminal del Tren Suburbano ahora llamado “Felipe Ángeles” recorrió el trayecto -lo cual inevitablemente hizo recordar aquel fallido recorrido del entonces presidente López Obrador el domingo 5 de diciembre de 2021, en el cual súbitamente las supuestas ventanas del tren se quedaron en blanco, haciendo pensar que todo había sido un montaje- y recordó que hubo problemas sociales en la construcción, los cuales se superaron, y después agradeció tanto a los ingenieros militares como a los responsables de los proyectos ferroviarios que, aseguran, sirven para garantizar el derecho a la movilidad con calidad para más personas en este país.
Hay en este tren un esfuerzo redoblado porque sea un incentivo para que más viajeros de Ciudad de México se decidan a usar el Aeropuerto Felipe Ángeles y la promesa en un futuro de conectar también por tren a la ciudad de Pachuca, con un sistema de transporte completamente del estado. Confían que finalmente se deje atrás la idea que está groseramente subutilizado y, por tanto, todo lo ahí invertido se estime mal gastado.
Ojalá se vuelva una constante esa supervisión “in fraganti” de la Presidenta a sus programas y obras para que ninguno de los subordinados le rinda “cuentas alegres”, y aunque difícilmente lo reconocerá en público, seguramente ya ha aquilatado y no olvidará que los proyectos estratégicos no se hacen bien solo con entusiasmo, sino con diagnósticos, planeación, programación y evaluación rigurosa.
Ojalá que en su escritorio haya subrayado cuánto se retrasó y cuánto aumentó el costo de estos proyectos que ahora tiene que defender por ser parte de su herencia. Ojalá que todas las acciones futuras sobre el proyecto sean ejecutadas eficientemente.