Quemaduras: un desastre

  • Vademecum
  • Óscar Hernández G.

Laguna /
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La atención del paciente quemado es particularmente difícil. Es quizá de lo más complejo que existe en Terapia Intensiva como atención rápida y eficaz. La rapidez con la que se inicia el tratamiento cambia el pronóstico a favor si se establece pronto. 

El grado de tratamiento profesional desde el sitio del accidente, traslado y urgencias es fundamental. Posteriormente es en Terapia Intensiva donde continúa la hidratación y manejo de las complicaciones. 

 
La gravedad de las quemaduras depende del área quemada y del porcentaje corporal quemado. La cara, genitales y manos son todos graves por ser zonas estéticas y funcionales. 

La lesión en las vías respiratorias es también muy grave. Y en aquellos casos que rebasan el 50% de superficie corporal quemada, la situación es crítica. La profundidad de la quemadura marca también la diferencia. 

Las quemaduras que abarcan piel, grasa, músculo y hasta hueso son de tercer grado, es decir, muy graves. 

 
En los casos de desastre; las cosas empeoran, por el número de pacientes que requieren atención especializada simultáneamente. No todos los hospitales cuentan con Terapia Intensiva y por tanto el número de camas disponibles juega un papel importante. 

El traslado rápido es indispensable. En los casos de quemaduras por flama o llama directa, casi siempre está dañada la vía aérea; el paciente “respira” aire muy caliente y quema los bronquios y “pulmones por dentro”; por tanto requieren del uso de respiradores artificiales; con un riesgo alto de infección pulmonar. 

Estos enfermos son invadidos con catéteres múltiples que permiten el monitoreo y la administración de líquidos, sangre y plasma en “grandes cantidades” sobre todo durante las primeras 24-48hrs. En particular en lo que llamamos “Gran Quemado” o grave de tercer grado. 

Algunos de ellos desarrollan insuficiencia renal aguda debido a la deshidratación y destrucción muscular tan severa. Es común que se infecten al perder la piel como capa protectora. 

Es necesario eliminar el tejido muerto y quemado del cuerpo mediante “lavados quirúrgicos” repetidos. 

En fin, en los casos lamentables como el sucedido en Tlahuelilpan, Hidalgo, recientemente; literalmente las cosas se convierten en un verdadero desastre por: el número y el tipo de población, el grado de lesión, la lejanía de los hospitales; el número de camas disponibles; los requerimientos de alta tecnología médica; el abasto de sedantes, analgésicos, antibióticos, plasma y sangre. 

Todo eso hace que el número de víctimas aumente con el tiempo. Ojalá las víctimas sean el menor número posible.

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