Cuando hablamos de los mejores cafés del mundo, usualmente hacemos referencia al doble A keniano, el Genuino Coatepec, el Blue Mountain de Jamaica o el Kona de Hawái. También nos dejamos llevar por la inercia de la fama que tiene Colombia. Sin embargo, pocas personas saben que en la actualidad Centroamérica pertenece ya a este selecto grupo.
Países como Costa Rica, Panamá, Nicaragua, Honduras, Guatemala y El Salvador encontraron, cada uno por su lado, la fórmula perfecta para producir calidad en lugar de las miles de las toneladas que les exigieron los grandes tiburones, dícese coyotes, especuladores o trasnacionales, una vez que el café se puso de moda en el mundo con la invención de los baristas y las cafeterías de especialidad en los noventas.
Las reducidas producciones y las tendencias internacionales impulsaron a los cafeticultores centroamericanos, en conjunto con algunos de sus gobiernos y con los empresarios de ramo, a comenzar una exitosa carrera que los ha llevado a vender sus lotes de café a precios récord en las subastas especializadas que se realizan en Japón, Europa y Estados Unidos.
Costa Rica, por ejemplo, realiza un loable esfuerzo en la producción de su grano. Las políticas públicas realizadas desde el gobierno, más la sólida base de sus productores y sus universidades, le han dado un reconocimiento mundial. Y para muestra basta un botón, Ricardo Azofeifa Mora, reconocido tostador e investigador tico, participa, como la estrella que es, en las expos más importantes del mundo impartiendo charlas y cursos que son esperados por su público como quien esperara un concierto de su grupo de rock favorito.
Investigadores panameños, por su parte, encontraron en la variedad geisha un grano de espectaculares características, el cual, en combinación con las condiciones ambientales y el ímpetu y tesón de los productores, han alcanzado el estándar más alto de calidad que muchos deseamos probar de nuevo. En este caso, admiro en lo personal el incansable trabajo de Francisco José Serracín, quien también se ha encargado de llevar sus experiencias por el mundo.
Un caso sui géneris sucede en El Salvador, pues la cafetería Viva Espresso ha realizado desde hace más de diez años una coyuntura espléndida con varios finqueros nacionales. Esto les ha permitido incrementar el consumo per cápita de café en el país e incluso ser reconocidos como una de las mejores cafeterías del mundo, además de que son protagonistas en las competencias mundiales de barismo.
Si a todo lo anterior incluimos también a Guatemala, que con sus perlas azuladas produce un café delicioso y de aroma intenso, la apreciada estricta altura de Honduras y el exótico maragogrype de Nicaragua, estaremos ciertos en que producir calidad, desde una investigación científica y un esfuerzo interdisciplinario, es mucho mejor que producir grandes cantidades y estar a merced de los poderosos especuladores de primer mundo.
oriveroll@hotmail.com
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Oscar Riveroll
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