Invertimos (juntos) en el futuro de México

Ciudad de México /

México está en una encrucijada. El mundo vive momentos de transformación geopolítica y los flujos de capital buscan destinos seguros. La administración de la presidenta Claudia Sheinbaum ha tomado una decisión concreta para atraerlos: el Plan México, una señal clara de que el gobierno entiende el valor de la inversión privada como palanca de desarrollo.

Financiamiento a infraestructura. SHUTTERSTOCK

El capital privado, los grandes fondos que, lejos de ser “golondrinos”, se comprometen con inversiones de largo plazo, están dispuestos a multiplicar cada peso del proyecto gubernamental por diez. Sí, ese es el estimado del impacto que tendrá el recién anunciado plan de capitalización del Fondo de Fondos.

Para entender por qué eso importa, hay que ver el tamaño del reto. Siete de cada diez hogares en la base de la pirámide no tienen internet. Nueve de cada diez pymes no tienen acceso a crédito bancario. No existe infraestructura de generación y transmisión eléctrica suficiente para soportar la demanda que viene. Y en materia de salud: en el tiempo que toma leer este artículo, morirán mexicanos que no tuvieron acceso a medicamentos ni a atención médica adecuada.

Ningún gobierno en el mundo puede resolver esto solo. Ninguno. El nuestro tampoco, y no hay deshonra en reconocerlo: es simplemente la escala del problema. La pregunta no es si el Estado tiene voluntad. La pregunta es con quién se alía para tener capacidad.

La respuesta está en el capital privado

En los últimos cinco años, la industria del capital privado ha desplegado 37 mil 900 millones de dólares —7 mil millones en promedio por año—, una cifra superior a toda la inversión extranjera directa que recibió el país, excluyendo reinversiones. Por eso este sector crece a 17 por ciento anual cuando la economía crece a menos de 2 por ciento. Porque apuesta cuando otros dudan.

Y apuesta donde más se necesita. Los fondos de capital de crecimiento —que adquieren una participación en empresas establecidas para impulsar su expansión— tienen hoy plataformas hospitalarias en ocho de cada diez casos. Los fondos de capital emprendedor —que invierten en startups de innovación para catapultarlas— destinan esa misma proporción a tecnología para salud y educación. La infraestructura tecnológica, de telecomunicaciones y energética es la principal apuesta detrás de los proyectos que financiamos. No esperan a que el gobierno resuelva estos problemas. Los resolvemos juntos.

El modelo no es nuevo ni experimental. En Brasil, el capital privado financia hoy 84 por ciento de la inversión en infraestructura del país —carreteras, saneamiento, telecomunicaciones— mientras el gasto público retrocede. En salud, la industria desplegó 115 mil millones de dólares a nivel global en 2024, el segundo nivel más alto registrado. México puede seguir ese camino, y tiene ventajas que Brasil no tuvo: el Plan México, la cercanía con el mercado más grande del mundo y, según el CEO de JP Morgan, la mejor oportunidad de inversión del planeta hoy.

Con el respaldo de las iniciativas del gobierno, el sector privado invertirá más de 50 mil millones de dólares en los próximos tres años —incrementando nuestro ritmo anual en 30 por ciento. Cada peso público se convertirá en diez de inversión privada.

Pero los momentos no esperan

El capital privado no es beneficencia. Para que exista desarrollo a perpetuidad tiene que haber rentabilidad, reglas claras, certidumbre jurídica y buenas prácticas. Esa es nuestra responsabilidad. Y estamos listos para asumirla.

Porque el capital privado es el motor de crecimiento y prosperidad de México. Y hoy, más que nunca, invertimos en su futuro.


  • Pablo Coballasi
  • Presidente de la Asociación Mexicana de Capital Privado (Amexcap)
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