Una historia de mirrey y virrey

Puebla /

Algo debería hacer el Poder Legislativo para "certificar" la elegibilidad de candidatos a cargos de elección popular con la aprobación de un "examen de control de confianza".

Una filtro de salud mental, físico y de bienes patrimoniales, nos ahorrarían altos costos al erario de los tres niveles de gobierno.

Nos evitaría en la entidad padecer a algunos o varios presidentes municipales que enloquecen en el ejercicio del "mandato" (subrayado) popular porque de inmediato se trasforman en mirreyes o virreyes, en ambos casos perniciosos para la función pública.

Destaca el caso del ahora ex presidente municipal de Tlachichuca y actual "funcionario" de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) del gobierno estatal, Jonathan Collantes Cabañas.

Collantes logró en 2010 acceder a la alcaldía de este municipio ubicado al oriente del estado gracias a una alianza con el PAN en la coalición Compromiso por Puebla, derrotando al PRI.

Fue suficiente un año de gobierno para convertir el ayuntamiento en un desastre administrativo, ser factor de ingobernabilidad y caos, al extremo de no rendir el último informe de gobierno por el repudio de la población.

Acostumbraba a viajar en un automóvil de lujo Audi en la calles polvorientas donde abunda la pobreza, bajo el manto protector del Panal; el alcalde gozó de impunidad para hacer negocios con una empresa encargada del alumbrado público; manejar las finanzas en total opacidad y llevar un tren de vida que ni Obama.

Vehículos, maquinaria de construcción, compra de bienes inmuebles y una vida privada más pública que las cuentas, por los recurrentes escándalos.

En su gestión desapareció –y nunca se volvió a saber de él- su padre, presunta víctima de un secuestro; nunca fue declarado muerto.

La ostentosidad de dinero y bienes del entonces edil pudo ser la causa del presunto plagio, pero nada se sabe al respecto.

De la noche a la mañana se amaneció el pueblo con la noticia de que había una "primera dama", pese a ser un alcalde soltero; fue cuando apareció una mujer de tez blanca, "rubia", al lado del alcalde. Se trata de la misma mujer que fue víctima de un atentado con arma blanca.

El pelo rubio de la joven mujer se asomaba de la camioneta que conducía, adquirida con dinero público. De ella se tejieron todo tipo de leyendas: desde ser "contratada" como esposa o ser "escort", lo que haya sido, lo cierto es que se acabó el "amor" cuando concluyó el trienio.

Collantes siempre tuvo privilegios y beneficios, a unos días de concluir su gestión recibió por ejemplo 600 mil pesos de un programa gubernamental, dinero que nunca llegó a la población.

Hoy presume una constructora y su cercanía con el gobierno electo, sólo lo presume, lo que no significa que así sea, ¿o sí?

pablo.ruiz@milenio.com

  • Pablo Ruiz Meza
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