Cuba: más allá del Estado

Ciudad de México /

Cuba está experimentando actualmente una de sus crisis económicas y sociales más graves desde la Revolución de 1959, caracterizada por escasez generalizada, apagones energéticos, hiperinflación y emigración masiva. Esta situación se ha agravado por las sanciones intensificadas de EE.UU. bajo la administración Trump, incluyendo un bloqueo a las importaciones de petróleo, junto con desafíos económicos internos y factores globales como las secuelas del COVID-19 y el declive del turismo. A continuación, esbozaré los aspectos clave basados en informes recientes.

La economía de Cuba ha estado en declive durante varios años, con el PIB contrayéndose consecutivamente de 2023 a 2025, sin recuperarse de la pandemia. A principios de 2026, la inflación supera el 15%, y el peso cubano ha caído en valor, haciendo que los bienes básicos sean inasequibles para muchos. El salario mensual promedio es de alrededor de $14-20, con el 89% de la población viviendo en pobreza extrema. El país depende en gran medida del petróleo importado (principalmente de Venezuela y México), pero las tarifas y decomisos de buques cisterna por parte de EE.UU. desde enero de 2026 han provocado escasez aguda de combustible, forzando medidas de racionamiento de emergencia. Esto ha resultado en apagones prolongados —hasta 20 horas diarias en algunas áreas— deteniendo la producción industrial, el transporte y la agricultura. El turismo, una fuente clave de ingresos, permanece por debajo de los niveles previos a 2019, y las reservas de divisas fuertes están disminuyendo. El gobierno ha implementado restricciones como horarios reducidos en oficinas y priorización de combustible para servicios esenciales (salud, producción de alimentos, educación), pero los críticos argumentan que son insuficientes en medio de ineficiencias sistémicas.

Socialmente, la crisis ha llevado a condiciones humanitarias graves. La escasez de alimentos, medicinas y agua es rampante; una encuesta de 2025 encontró que el 70% de los cubanos salta comidas diariamente, y solo el 30% de las medicinas esenciales están disponibles. La mortalidad infantil ha aumentado de 5 por 1,000 nacidos vivos en 2021 a 14 por 1,000 a finales de 2025, mientras que enfermedades como el dengue y el chikungunya están en aumento debido a sistemas fallidos de gestión de residuos. La migración masiva es un sello distintivo. Las preocupaciones por derechos humanos persisten, con más de 1,150 presos políticos reportados y represión continua de la disidencia, incluyendo críticas al manejo de la crisis por parte del gobierno. La ONU ha advertido sobre un posible “colapso humanitario”, con servicios esenciales en riesgo debido a la escasez de combustible.

Está crisis sostenida por tantos años debido a presiones de Estados Unidos por no querer tener a un vecino amigo de adversarios tan cercano a sus costas, no debe de ninguna manera estar siendo pagada por el pueblo cubano. Debemos todos operar desde nuestras conciencias para lograr que el bloqueo económico no afecte lo esencial: la vida de tantos cubanos que permanecen en la Isla. Debe de existir una red de sociedad civil a sociedad civil, que trascienda diferencias entre regímenes. Porque finalmente los Estados están conformados por personas, por seres humanos, que no tenemos porqué sufrir las consecuencias geopolíticas.

Hagamos la diferencia. Apoyemos decididamente al pueblo cubano.


  • Patricia Armendáriz
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