El Chimpancé invisible

Ciudad de México /

Hay un artículo denominado “El elefante en la sala” a propósito de la participación de la presidenta Claudia Sheinbaum en la convención bancaria. En su exposición la mandataria anunció la “ley para el fomento de inversión en infraestructura estratégica para el desarrollo con bienestar”, donde el gobierno federal invita a la iniciativa privada a co-invertir 5.6 billones de pesos, donde el 54.15 por ciento se invertirá en energía, 15.63 en trenes, 13.94 en carreteras, 6.48en puertos, 6.23 en salud y 2.83 en agua. Y según el artículo el “elefante en la sala” es que “la desconfianza persiste entre el gobierno y las élites empresariales y financieras del país”. Y se refiere a una mentira que a fuerza de repetirse es preocupante que se vuelva una verdad, en el sentido de que dudan los privados de que “si hay un conflicto exista un tercero que aplicará las reglas de manera consistente”.

Efectivamente, esa mentira se refiere a que la reforma judicial es nociva para la inversión privada. He insistido acuciosamente a quienes repetidamente en la audiencia me recitaban esa premisa, y nadie, ni el artículo mismo, me ha dado un sustento teórico cuidadoso, ni mucho menos empírico.

Por el contrario, yo invito al lector a identificar el chimpancé que pasaba por la sala que nadie veía por lo magnético de la presentación de la Presidenta, que nos tenía con los ojos y cabeza fijos en su invitación al sector privado a invertir en México. Estoy por supuesto haciendo una comparación del evento con el famoso videoclip de atención selectiva donde la gente está tan concentrada contando los pases de un balón de un “show” de jugadores de básquetbol que nadie nota a un primate caminando justo en medio de la escena.

El primate que nadie vio pasar es nuestra historia: Históricamente, la inversión privada en México ha sido baja; ha oscilado en un porcentaje promedio del 23 por ciento, y es la razón por la cual el crecimiento real promedio del PIB ha sido de un pírrico 2 por ciento anual. En comparación, los países asiáticos invierten por arriba del 30 por ciento del PIB. Históricamente los dueños del capital mexicano invierten solamente una parte de las utilidades de sus empresas, donde el retorno a su capital es alto, y esto ha sido a través de diferentes regímenes del sector judicial. En las “500 empresas más importantes” (Expansión) muchas tienen ROE >30-50% (ej. Kimberly-Clark, algunas manufactureras y comerciales.) Muchas pagan altos dividendos (del 40-80% en varias emisoras). Algunas financieras y consumo básico distribuyen más del 50 por ciento de utilidades. Esto significa que el ahorro empresarial es muy bajo. No reinvierten todo su excedente. Por eso la inversión nacional se estanca.

Si acudimos al programa de coinversión anunciado por la Presidenta, su efecto directo son 2 puntos porcentuales del PIB.

Más aún, si la banca cumple con la invitación de la Presidenta de ampliar su crédito a las empresas, pasando de un 20 por ciento al 50 por ciento, las utilidades empresariales aumentarán, y, esperemos, la inversión de sus utilidades también.


  • Patricia Armendáriz
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