La atención a la demanda interna

Ciudad de México /

La posibilidad de una revisión anual del TMEC introduce, sin duda, un choque de certidumbre que obliga a plantear escenarios alternativos. Si la inversión extranjera directa (IED) ligada al *nearshoring* se desacelera por este riesgo político, la sustitución natural del motor económico tendría que ser la demanda interna (Consumo Privado + Consumo de Gobierno + Inversión Nacional).

Y es que por donde se mida, el valor del consumo privado llevado a su capacidad de adquisición equivalente al consumidor de Estados Unidos, es mayor que el de nuestras exportaciones. ¿Cuánto valdría el consumo mexicano a niveles de EE.UU.?

Para hacer este ejercicio cuantitativo de frontera, debemos mirar el tamaño actual de nuestra economía y compararla bajo dos ópticas distintas: el consumo como proporción del PIB y el consumo por capacidad adquisitiva

Actualmente, el PIB nominal de México (a datos de 2026) ronda los 2.12 billones de dólares. Según el INEGI, el Consumo Privado es el componente más grande de nuestra demanda agregada, representando aproximadamente el 65% del PIB es decir, unos 1.38 billones de dólares.

En Estados Unidos, el consumo privado es el motor absoluto de su economía y representa cerca del 68% de su PIB. La diferencia en la estructura*no es tan grande; la brecha abismal está en el ingreso disponible y el valor por habitante.

Si logramos desarrollar el mercado interno mediante una distribución del ingreso más eficiente, un incremento sostenido de la productividad y una bancarización profunda, el PIB medido en Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) refleja mejor el valor real de los bienes consumidos internamente.

El PIB PPA de México se proyecta en torno a los 3.5 billones de dólares. Si el consumo interno se consolida al 68% de esa capacidad real de compra, el mercado de consumo mexicano valdría 2.38 billones de dólares. Es decir, estaríamos multiplicando el valor real del mercado interno por casi 1.7 veces su nivel nominal actual.

Si lleváramos la capacidad del consumidor mexicano a igualar el gasto anual por habitante en Estados Unidos (donde el consumo per cápita nominal ronda los $55,000 USD al año debido a su alto componente de servicios, crédito y salarios, para nuestros 134 millones de habitantes, un consumo a niveles nominales estadounidenses significaría un mercado interno de 7.37 billones de dólares. Esto cuadruplicaría el tamaño de toda nuestra economía actual. Aunque es un escenario de largo plazo que requiere décadas de acumulación de capital físico y humano, nos muestra el gigantesco "bono demográfico doméstico" que México tiene sin explotar.

Sustituir el motor exportador por el interno (una estrategia de crecimiento "hacia adentro") tiene implicaciones macroeconómicas profundas principalmente la restricción externa (Balanza de Pagos). Como vimos antes, nuestra industria es altamente importadora de bienes intermedios. Si estimulamos el consumo interno sin transformar la estructura de proveeduría nacional, dispararíamos las importaciones de consumo y de insumos, generando un déficit comercial severo y presión sobre el tipo de cambio. Otro riesgo es la pérdida de transferencias tecnológicas. La IED que llega por el TMEC no solo trae dólares; trae certificaciones, patentes y adopción de tecnologías avanzadas (como inteligencia artificial industrial o automatización) que el capital nacional rara vez financia en etapas tempranas.

Por tanto, para que que este giro funcione y no genere inflación o crisis de balanza de pagos, el enfoque no puede ser solo "gastar más", sino desarrollar el valor del consumidor. Esto implicaría, por un lado, la sustitución Estratégica de Importaciones Intermedias, es decir, el verdadero negocio para el PIB sería que ese 75% de insumos que hoy importamos para exportar, se manufacturara aquí para abastecer el mercado local. Por otro lado, siempre he insistido en que un factor fundamental es la Inclusión Financiera y Modelos de Riesgo Robustos. El consumidor estadounidense gasta en gran medida porque tiene acceso a esquemas de crédito sofisticados, hipotecas accesibles y financiamiento productivo. Desarrollar el consumo mexicano pasa obligatoriamente por democratizar el crédito formal a la base de la pirámide y a los sectores no bancarizados. Otro ingrediente central es la formalización laboral. Elevar el valor del consumidor requiere que la masa salarial crezca a la par de la productividad. Disminuir la rigidez laboral y la informalidad (que ronda el 54%) es indispensable para estabilizar los ingresos de las familias.

A final de cuentas, blindar a México ante la incertidumbre del TMEC no significa abandonar el comercio exterior, sino equilibrar la balanza: dejar de depender exclusivamente de ser una plataforma de ensamble para Norteamérica y convertirnos en un mercado de consumo interno maduro, apalancado por tecnología propia y un sistema financiero con mayor penetración profunda.


  • Patricia Armendáriz
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