El pasado sábado 31 de enero de 2026 se llevó a cabo el XIII homenaje al escritor y dramaturgo Carlos Olvera Avelar (1940-2013), en el que se presentó la más reciente edición de “El vuelo de la hilacha”, ahora reunida junto a su antecesor relato: “En Manga de Clavo”, originalmente publicado en 1988; el homenaje contó con la presencia de los escritores José Luis Herrera Arciniega y Alonso Guzmán, en la Casa Rivas Mercado, en la Ciudad de México. Una delicia de charla en torno de la vida y la obra de quien ha sido uno de los escritores mexiquenses más destacados del siglo XX, gracias a su obra, sólida y certera, como lo ponderaron los presentadores del libro recién publicado por el Fondo Editorial del Estado de México.
Si hay un personaje que habita nuestras pesadillas históricas y libros de texto con la etiqueta de “villano favorito”, ese es Antonio López de Santa Anna. Sin embargo, pocos autores han logrado desnudarlo de forma tan brutal y fascinante como el maestro Carlos Olvera en su obra póstuma “El vuelo de la hilacha” y el relato “En Manga de Clavo”; tras un prolongado trabajo de escritura y reescritura que duró veinticinco años, Olvera nos legó una pieza que no solo es fundamental para la narrativa mexicana, sino que entra por la puerta grande en la prestigiosa tradición de la “novela del dictador” latinoamericana.
La gran apuesta de Olvera, lo que los análisis llaman el “grotesco gastrocéntrico”, es bajarnos al caudillo de la estatua para sentarlo a la mesa; mientras que en la tradición literaria del continente otros grandes como Miguel Ángel Asturias (“El señor presidente”) exploraron la locura, o Augusto Roa Bastos (“Yo el Supremo”) se centraron en la paranoia del lenguaje, Olvera ancla el poder en el aparato digestivo.
Para este Santa Anna literario, el Estado no es una idea, es un banquete. La salud de la nación se mide en sus intestinos: “Colon tranquilo, equidad. Rectum expedito, progreso nacional”, sentencia el personaje en un momento de lucidez escatológica. Aquí, las decisiones políticas no se toman en gabinetes asépticos, sino que “gravitan alrededor de sus procesos digestivos”. Si al chocolate se le apaga la espuma o los huevos no están en su punto, el país entero debe temblar.
Por eso, quedó claro en el homenaje que valorar la obra de Olvera implica reconocer su lugar junto a nombres como García Márquez o Vargas Llosa. Olvera logra lo que muy pocos: rehumanizar al dictador desde sus miserias corporales. Su Santa Anna no es un mito inalcanzable, sino un “paciente gastrointestinal” cuya gota, insomnio y eructos son los síntomas de una nación enferma y fragmentada.
A nivel internacional, la obra brilla por su hibridación lingüística. Olvera mezcla con maestría el léxico culto de los banquetes franceses —mencionando vinos como el Montrachet o técnicas del recetario de Carême— con la vulgaridad más cruda del lenguaje militar mexicano: "hijos de la chingada", "pendejos" y "leperadas". Esta polifonía no es solo un adorno; es el espejo de un México decimonónico que intentaba ser aristocrático mientras chapoteaba en el desorden.
A pesar de su tono de sátira y humor negro, no hay que confundirse: la obra de Olvera es de un rigor histórico impecable. Cada capítulo nos ubica en momentos clave: desde el ascenso al poder desde Manga de Clavo en 1832, hasta la melancolía del exilio y la derrota tras la guerra con Estados Unidos. Olvera investigó durante décadas la etiqueta presidencial, los protocolos militares y la gastronomía de la época para construir este “laboratorio teórico-literario” que hoy podemos disfrutar leyéndolo.
La imagen final de la novela, con un Santa Anna regresando en una caravana polvorienta mientras su preciado "diccionario de cocina" se deshace, es una de las metáforas más potentes de nuestra literatura. Simboliza la fragilidad de la memoria y el fracaso de un proyecto nacional que se creía eterno.
En conclusión, Carlos Olvera no solo escribió un libro sobre un general; escribió una biografía de nuestros apetitos políticos. “El vuelo de la hilacha y En Manga de Clavo” es una obra cabal, gozosa y necesaria que demuestra que la historia de México, más que en bronce, se ha escrito muchas veces en manteca hirviendo. Es, sin duda, el mejor Olvera, y un banquete literario que el mundo hispanohablante debe celebrar. Puedes ver el homenaje en la página del maestro Olvera en Facebook:
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