Como resultado del modelo económico neoliberal implantado en México hace poco más de treinta años, las consecuencias están a la vista, que de por sí es considerado inhumano porque va enfocado a privilegiar el mercado sobre la responsabilidad social del Estado, en este país se recrudecieron sus efectos por una descomunal corrupción auspiciada desde las más altas esferas del poder, saqueando con entera impunidad todo lo que encontraba a su paso la elite económica y la clase política predominante.
Durante esas tres décadas se fueron generaciones de jóvenes a las que se les arrebataron oportunidades de desarrollo humano, no podían aspirar a estudiar ni a trabajar, ya ni pensar en cultura o deporte, el Estado mercantilizó los derechos que debía otorgar como una de sus principales responsabilidades y obligaciones, pero hicieron lo contrario, recursos había suficientes pero eran desviados para enriquecer a unos cuantos sin pudor alguno ni recato, a plena conciencia de que el robar del erario implicaba despojar de programas encaminados a incentivar el desarrollo de personas y familias en el país.
Fue así como gradualmente se fueron deteriorando cada vez más las estructuras que integran el colectivo social, se fueron ampliando las franjas de población en situación de pobreza, se fue concentrando la riqueza del país en unas cuantas familias, la brecha de la desigualdad social cada vez más amplia y la autoridad que ejerce el Estado estaba al servicio de la elite económica beneficiada, cuidando los privilegios e intereses de los grandes saqueadores que se sentían los dueños de México, auténticos faraones con riquezas descomunales.
No se podría esperar resultados diferentes en cuanto al comportamiento social, cuando le arrebatas masivamente y durante décadas a la población de un país el derecho a la educación, a la cultura y al deporte, elementos sustanciales para formar a la persona con valores, la consecuencia lógica es lo que está sucediendo en el país, una violencia en todas las latitudes de convivencia social, desde la pareja, en la familia, con los niños, violencia en las aulas, en las relaciones de trabajo, en la calle, en la política, en todos lados se manifiesta en diferentes modalidades, en algunas regiones del país con mayor crueldad y de forma desbordada.
Y por muy trillado que lo quieran poner de echarle la culpa al pasado, es inevitable que se conozcan los orígenes y causas que provocaron el estatus actual de la violencia en México, es de los grandes males considerados que trastocan las fibras o esencias de la sociedad, males que no son fáciles ni rápidos para revertir y que tienen que ver con temas culturales y educativos, formativos que por generaciones hay que trabajar como fue así, que por generaciones fueron parte del proceso de descomposición social, evidentemente hay incentivos que pueden agilizar procesos y se están generando con los llamados programas del bienestar para contener la desesperación de no tener con que resolver las necesidades más básicas en las familias más pobres.
De ahí que se debe de entender que la violencia es el resultado de un proceso de degradación política y social de treinta años, y se están sentando las bases para edificar la sociedad a la que se aspira, por lo pronto más allá de caer en la provocación de personas enfermas que agreden con facilidad y ligereza, hay que entender que ellos como muchos son víctima de un modelo de aprendizaje en el que vivieron y padecieron violencia, por lo que conciben la violencia como algo normal en su vida, así hay mucha gente en la política, padeciendo hiel expresando con rabia algún posicionamiento político en contra de algún personaje o partido, o alguna postura.
Por eso, dentro de la agenda política del régimen que apenas lleva tres años, es la reversión de la violencia hay que atender lo inmediato para salvaguardar la integridad y seguridad de las personas tal cual imperativo del Estado, pero aunado a ello, una estrategia integral para armonizar la vida pública y alcanzar niveles de desarrollo humano que permitan una sociedad en la que los valores de buen comportamiento sean el común, como realmente está en otras naciones que han alcanzado un nivel ejemplar de civilización humana.