Desde que ganó Andrés Manuel en 2018 la presidencia de la república, surgió la nueva oposición que aun en su duradera conmoción no ha logrado descifrar las nuevas realidades, ven cosas y las describen totalmente alejadas a la realidad, de ahí surgen sus diagnósticos sostenidos de ocurrencias y fantasías, en consecuencia su narrativa sigue siendo aquella que se nutre de ofensas y calumnias, es decir, no existe una critica al interior de sus fuerzas políticas, no hay algo que en lo que reconozcan equivocaciones por las cuales la ciudadanía les despojó del poder en las urnas, de manera institucional no existe un revire al interior de autocrítica, lo único es que en sus conflictos domésticos se refutan y sacan a la luz cuestiones como la corrupción y la impunidad, sus atenticos vínculos con el crimen organizado.
Desde la oposición se compone esa narrativa de que desde el arribo de la izquierda al poder se ha generado un encono social imputable al nuevo régimen, como si los partidos que gobernaron durante décadas PRI y PAN tuvieron al país unido sin encono político y social, esa narrativa repleta de deshonestidad incorpora ese elemento más, como si el país estuviese en armonía antes de la llegada de la izquierda al poder, pero precisamente ese es el error de la oposición, pensar que a las personas las pueden engañar tan fácilmente como ocurrió durante décadas.
Como si las personas no tuvieran memoria a corto plazo y supiera que en la época del PRIAN había un encono político y social muy fuerte, en el que una clase gobernante que estaba al servicio de una elite económica, poblacionalmente un grupo reducido que decidía por las grandes mayoría y siempre en perjuicio de éstas, en el que los saqueos, la corrupción y la impunidad eran lo cotidiano, como si eso no provocara la irritación social contra la clase política gobernante, esa era una gran división aunque con gran desproporción porque a pesar de dicho encono, la gran mayoría no tenía acceso a las decisiones.
El fraude del 2006 en el que se impuso a Felipe Calderón en la presidencia estuvo a punto de desbordarse la lucha social, era la gran afrenta al pueblo de México por violentar la voluntad popular materializada en las urnas, sumado a ello, ese sexenio fue una autentica tragedia porque se conoció que el secretario de seguridad pública federal encargado de velar por la protección de la ciudadanía era parte de un grupo del crimen organizado, miles de personas inocentes a las que se les arrebató la vida o desaparecieron, fue con anuencia del Estado por esta lamentable y trágica colusión.
Hoy la oposición se planta en su discurso como si las personas y las familias en este país no tuvieran memoria, como sino se supiera o recordara esos lamentables sucesos que trajeron mucho dolor, ahí empezó la proliferación de grupos del crimen organizado, tuvieron el auspicio y el cobijo del gobierno y eso la gente lo recuerda perfectamente, por eso es difícil que se puedan revertir esos conceptos, negar u ocultar la verdad, Genaro García Luna sigue preso por narcotráfico y eso no lo pueden borrar de la memoria del colectivo social, y por supuesto que cuando la gente escucha esa narrativa de ofensas a la presidenta acusándola irresponsablemente de narco candidata y después de narco presidenta es obvio que la gran mayoría de mexicano siente la ofensa y salen a defenderla de las ofensas y calumnias de la oposición.
El país estaba ya dividido, pero su división actualmente no es considerable, los opositores no representan una franja considerable de la población, son una minoría que solo hace ruido en las redes con granjas de bots, pero a ras de suelo, a lo largo y ancho del país la gran mayoría de la población apoya a la presidenta y a su gobierno, así que no es realmente una confrontación equilibrada porque realmente no representan, y efectivamente la confrontación seguirá y es prácticamente imposible hablar de reconciliar cuando el comportamiento opositor es deshonroso.