Conocí acerca de ese pintoresco personaje, a partir de una fotografía que colgaba de uno de los muros del Museo Taurino de Manolo Barbosa. Algo tenía aquel desgastado retrato, para que haya llamado mi atención. La imagen del héroe legendario, que inanimado esperaba en la oscuridad de las largas noches y de las eternas mañanas de Guadalajara, para ser contemplado. Me enteré de sus hazañas a la hora de estar dando forma, a lo que sería La Catedral y los Toros, La historia de la tauromaquia en Guadalajara 1608/ 1979. Una vez, ahí por el año de 1931, alternó Pepete, “El Temerario” con Carmelo Pérez en su reaparición posterior a la espantosa cogida de “Michín” de San Diego de los Padres, la misma que le ocasionó la muerte en España debido a sus secuelas. Juan Espinosa Armillita complementó la terna y los toros fueron de la divisa de Zacatepec. La tarde fue célebre debido a los apoteóticos triunfos de los diestros quienes salieron a hombros de la concurrencia, la misma que atiborró las gradas de la vieja plaza de toros del barrio de san Juan de Dios. La Catedral [Mi libro] llegó a manos de Sergio Olivera, hijo del gran Pepete a través de su amigo Marcos Ochoa, compañero de estudios en el Instituto de Ciencias de Guadalajara en su juventud. Apenas el domingo pasado, [hoy es miércoles] recibí la inesperada llamada telefónica de Sergio Olivera Díaz, quien emocionado me comentó de la aparición de la biografía de su padre José Olivera, a mí no se me ocurrió otra cosa que exclamar -¡Olé!. Prometió Sergio, quien fuera importante banquero en tiempos de Legorreta, enviarme un ejemplar, el mismo que ya degusto con gran emoción por sus letras de afecto hacia mi persona las mismas que en impecable caligrafía dicen “Para don Ramón Macías Mora con toda mi admiración y respeto, por la gran aportación histórica que ha hecho y viene haciendo en favor de la fiesta brava con afecto: Sergio 26/08/19 México D.F.” La obra no tiene grandes pretensiones literarias, lo que desde mi perspectiva la magnifica. Habla a lo largo de sus 103 páginas de la existencia de un personaje fuera de serie que ya retirado, jamás tocó en sobre mesa, el tema de la tauromaquia, quizá-dice Sergio- para evitar que sus hijos siguieran ese azaroso camino. Casó Pepete con la hija de un rico hacendado zacatecano Concepción Díaz Salinas. “Un día Pepete [P.81] se encontró a Juan Silveti El Tigre en el Tupinamba, quien le preguntó: -Oye chaparro, ¿Es cierto que te casaste con una rica hacendada de Zacatecas? -Pues si matador-contestó Pepete, añadiendo-; pero los agraristas nos quitaron la hacienda y no nos dejaron más que la iglesia. -Pues véndesela al Papa, no seas pendejo-le dijo El Tigre entre carcajadas.” Lectura amena y apéndice fotográfico. Pura nostalgia.Editado por FICTICIA EDITORIAL. En hora buena para Sergio Olivera Díaz hijo del legendario Pepete.
José Olivera Pepete
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Ramón Macías Mora
Jalisco /
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