Promesas rotas, democracia frágil

Ciudad de México /

Cuando llegó al poder el presidente López Obrador hace cinco años, surgió una gran esperanza de cambio entre los ciudadanos, se prometió un gobierno cercano a la gente, con especial atención a los más desfavorecidos. También se ofreció restaurar la paz con la premisa de "abrazos, no balazos", erradicar la corrupción “barriendo de arriba para abajo”, y proporcionar servicios médicos de calidad al estilo de Canadá o Dinamarca. Sin embargo, después de cinco años, no se perciben avances evidentes en ninguna de estas agendas.

El gobierno actual ha fracasado en su principal tarea: garantizar la vida y seguridad de los ciudadanos, proporcionar bienestar social y económico, aplicar un sistema de justicia efectivo y hacer que la ley se aplique de manera equitativa, mantener el orden y proporcionar servicios públicos esenciales. Son los objetivos de cualquier gobierno, independientemente de su ideología o corriente política. El gobierno debe proporcionar servicios de salud dignos y asegurar el acceso a medicamentos para toda la población. De hecho, la esperanza de vida de los mexicanos ha disminuido en cuatro años, pasando de 75 años en 2019 a 71 años en 2022. Este gobierno también ha fallado en garantizar la gratuidad, disponibilidad y calidad de la educación básica, en la pandemia perdimos dos años del nivel escolar y no se implementó un plan para remediarlo.

En 2018, se prometió el regreso de los militares a los cuarteles, pero actualmente las fuerzas armadas han asumido la gestión de aeropuertos, puertos marítimos, aduanas, la construcción del tren maya, el tren interoceánico, las sucursales del Banco del Bienestar y muchas otras obras, además de dinero y poder político, mientras que en la agenda de seguridad este sexenio ya es el de mayor número de homicidios dolosos y desapariciones.

Durante este período, las instituciones del estado se han debilitado, incluyendo el INE, el INAI, el CNHD y el Poder Judicial. Se han erosionado los equilibrios del estado y se ha eliminado la capacidad de diálogo. La sociedad y las familias se han polarizado en aras de obtener ventajas políticas.

Estamos viviendo bajo un gobierno populista y autoritario. La frágil democracia de nuestro país la está pasando mal.


  • Raúl Frías Lucio
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