Tuve la oportunidad de estar la semana pasada en el juego inaugural del Mundial. Fue un evento extraordinario y lo disfrutamos muchísimo.
Pero yo en lo personal no dejaba de pensar en el estadio. Fue mi primera vez en el Azteca (o Estadio Banorte o Estadio Ciudad de México), y vaya que salí impresionado. Más allá de las masas de gente —más de 84 mil, según lo que dijeron ese día— y del ruido y del ambiente, para mí el gran tema es que ese edificio es fruto del trabajo de un grupo de particulares, encabezados por un empresario, que hace casi 60 años se lanzaron a desarrollar un proyecto con esas dimensiones.
Trato de traer algo así a mi propia vida. Técnicamente yo soy un emprendedor: en más de una ocasión me he lanzado a la aventura de arrancar, desde cero, una nueva organización. En este momento lo estoy haciendo, de hecho. Emprender implica querer construir algo que no existe pero que tú crees que hay alguien que lo quiere. Implica tratar de visualizar el futuro, y también convencer a otros de ello. Implica estar dispuesto a tomar riesgos. Implica un compromiso absoluto con la ejecución.
Dicho todo esto, no logro ponerme en los zapatos de un empresario como Emilio Azcárraga Milmo. Pensar que a principios de la década de los 60 el legendario Tigre habría decidido emprender un proyecto de esas magnitudes, es algo que como emprendedor no logro visualizar.
El Tigre, la biografía de Emilio Azcárraga Milmo que escribieron Andrew Paxman y Claudia Fernández, narra con muchos detalles cómo fue toda esa aventura de idear y construir el entonces bautizado como Estadio Azteca (un libro sumamente recomendable, por cierto). En resumen, fue una cosa increíblemente ambiciosa en todo sentido: desde el presupuesto, hasta la forma en que se quería financiar y los retos que había que vencer para hacer una construcción así.
El resultado ahí está. Varias décadas después de que fue inaugurado, no sólo sigue siendo un referente, sino que se ha convertido en todo un símbolo para nuestro país. No hay un dato oficial, pero le pedí a ChatGPT que me ayudara a estimar cuánta gente ha estado en algún evento en ese estadio, y bajita la mano “nos sale” que más de 100 millones de personas.
….y la gran, gran mayoría de esas personas, seguramente se la pasó muy bien. ¿Cuánto es el valor que ha generado esa construcción? Para un país como el nuestro es un valor incalculable en términos de experiencias y recuerdos, y que va mucho más allá de la venta de boletos y cerveza durante los eventos.
Como emprendedor, no me queda sino admirar y apreciar lo que otro emprendedor fue capaz de lograr. ¿Qué emprendedores están hoy desarrollando iniciativas que vayan a generarle tanto valor a este país, incluso cinco décadas después?
Lo que se queda el empresario
Complementando lo anterior, el Wall Street Journal publicó hace unos días un artículo de opinión en donde analizan la fortuna que tiene Jeff Bezos, pero comparándola con el valor que Amazon le genera a sus clientes. El autor hace una serie de cálculos para llegar a la conclusión que Amazon le ahorra a sus clientes algo así como cuatro minutos diarios —y considerando el número de clientes y los años de historia que tiene esa empresa, estima que el valor generado es de casi 14 trillones de dólares. Bezos tiene una fortuna de 275 mil millones de dólares y por lo tanto, el autor alega que el empresario ha capturado para él “apenas” 2% del valor que su empresa le genera a la sociedad. Sin duda un punto de vista original y atípico a lo que comúnmente leemos sobre “los billonarios”.