Cuando aterrizas en el aeropuerto de San Francisco tienes diferentes opciones para trasladarte a tu destino. Puedes usar un tren regional, un sistema de autobuses o tomar uno de los taxis oficiales de la ciudad.
También puedes pedir un vehículo por medio del app de Uber o de Lyft. Si eliges esta opción tendrás que caminar hasta el nivel 5 de uno de los estacionamientos; es una buena caminata, pero funciona.
Esto es muy común en EU: en ese país no hay aeropuertos importantes donde Uber esté completamente prohibido (aunque por lo general les aplican restricciones acerca de dónde pueden recoger a sus clientes).
Contrastemos con lo que sucede en los principales aeropuertos de nuestro país. En el país en el que se utiliza la fuerza pública para proteger los intereses de los monopolios —algo increíble— continuamos viendo “redadas” de la Guardia Civil en los aeropuertos para impedir que los Uber puedan ir por sus clientes.
En lo personal no soy fan de Uber. Los niveles de servicio claramente no son como lo fueron al principio y abundan los ejemplos de abusos de sus choferes. Pero sigo siendo un usuario frecuente por la sencilla razón de que me resulta un servicio funcional y que, por lo general, puedo contratar por un buen precio.
Comparo esto con los precios de los taxis del aeropuerto. Hace unos días tuve que tomar un taxi “oficial” en el aeropuerto de Cancún para hacer un recorrido de no más de 2 kilómetros. El precio: 700 pesos (además me robaron… pero eso es otra historia).
Entiendo que hay una estructura de costos que hace que estos servicios oficiales tengan que ser más caros. En el informe anual de ASUR, por ejemplo, la operadora de aeropuertos reportó que en 2024 generó 166 millones de pesos de ingresos por concepto de “transportación terrestre y tarifas de acceso”.
En 2015 escribí un breve artículo sobre el desastre que comenzaba a presentarse en los aeropuertos precisamente porque los taxistas estaban oponiéndose a Uber —y los políticos los estaban protegiendo.
Diez años más tarde seguimos con lo mismo. Los clientes tienen más de 10 años eligiendo un proveedor distinto; las autoridades, los grupos aeroportuarios y las empresas oficiales continúan oponiéndose a que esto suceda.
Entiendo la postura de las empresas de transporte y la de los políticos (que eligen ponerse del lado de los sindicatos de choferes). La postura que no entiendo es la de los grupos aeroportuarios. Generan mucho dinero de esto, sí, pero no son montos tan relevantes considerando el tamaño de empresa que son (ASUR, por ejemplo, tuvo ingresos totales de más de 23 mil millones de pesos ese mismo año). ¿Será que estos pudieran buscar una alternativa para mejorar la experiencia de sus clientes?
Tipo Black Mirror
En EU una empresa llamada Mithril desarrolló un sistema de drones para cuidar colegios de ataques contra los alumnos. Es tal el problema de los terribles school shootings, que unos emprendedores están ofreciéndoles unos drones que se instalan discretamente en el techo, y que en caso de un ataque, se despliegan para tratar de neutralizar la amenaza: controlados por un piloto en una central remota, vuelan en flotillas de tres unidades y abruman al atacante con luces, sonido y hasta gases lacrimógenos. El servicio cuesta alrededor de 8 dólares mensuales por alumno.
Increíble las oportunidades de emprendimiento que surgen en ese país. Es surrealista.