El mundo de las trillonarias

Ciudad de México /

M+.- Aclaración inicial: en este texto uso “trillón” en el sentido americano —un millón de millones, o un 1 seguido de doce ceros (y no en el español, donde un trillón tiene dieciocho). Preferí hacerlo así porque así se utiliza el término en los mercados globales… ¡y porque suena más dramático!

Durante décadas, ninguna empresa cotizada valía un trillón de dólares. La barrera la rompió Apple en agosto de 2018, y unas semanas después la siguió Amazon. Microsoft llegó a ese nivel en 2019, Saudi Aramco al salir a bolsa ese mismo año, y luego, en 2021, llegaron seguiditas Alphabet, Meta y Tesla. Nvidia entró al club en 2023, TSMC y Berkshire Hathaway en 2024, Broadcom a fines de ese año, y Walmart en febrero de 2026. Hoy hay doce empresas que valen más de un trillón, y entre todas suman alrededor de 30 trillones de dólares, que es como 20 por ciento del valor de todas las bolsas del mundo, y prácticamente el PIB anual de Estados Unidos, completo.

Para dimensionarlo: Nvidia sola, con sus 5.4 trillones, vale once veces toda la BMV. Walmart, la más pequeña de ese club, vale el doble que todas las emisoras mexicanas juntas. El PIB de México es menos de la mitad de Apple.

Vienen en camino SpaceX, OpenAI y Anthropic. Las primeras dos están ya encaminándose a salir a bolsa, próximamente, y la tercera es muy probable que también lo haga este año. Si siguen en la misma trayectoria que han mostrado hasta ahora, las tres van a tener una capitalización de mercado de más de 1 trillón.

En este mundo de trillones, importan los fundamentales de las empresas. Sí es una realidad que estas organizaciones tienen márgenes, escala y ventajas competitivas que las pequeñas no pueden replicar. Pero también es cierto que se ven muy beneficiadas por su nivel de posicionamiento: todo mundo las identifica como las líderes, las innovadoras, las globales, las seguras. Un artículo que leí hace unos días, por ejemplo, argumentaba que técnicamente la valuación de SpaceX no debía superar los 600 mil millones de dólares, pero que para muchos inversionistas, el hecho de ser la empresa de Elon Musk le podría generar a esa entidad un “valor adicional” de 1 trillón. 

Algo similar al mundo de las marcas de moda. 

Los inversionistas globales, lejos de diversificar, concentran cada vez más capital en menos nombres. Los grandes fondos indexados, que se suponía repartirían el riesgo entre miles de empresas, terminan ponderando por capitalización, lo que significa que entre más vale Nvidia, más Nvidia compran. Es una profecía autocumplida. El S&P 500 hoy depende, en buena medida, del desempeño de siete u ocho empresas. La idea clásica de pulverizar la inversión en cientos de compañías parece haber sido reemplazada por una apuesta concentrada en los ganadores absolutos del momento tecnológico.

Quizás sea racional: estamos viendo, en tiempo real, la mayor concentración de riqueza corporativa de la historia moderna. Lo seguro es que el club de las trillonarias ya no es una rareza: es el centro de gravedad del capitalismo global.

¿Premio?

Un buen amigo me compartió el mensaje que recibió hace unos días: un “jurado” había determinado que él —mi amigo— aparecería en la edición 2026 de una “prestigiosa” publicación que destaca a “líderes que definen la siguiente era”. Pero claro, para confirmar que está de acuerdo en ser listado, hay que comprar un paquete de 2 mil dólares, en el que le aseguran que será incluido en la portada de la revista y que harán una campaña en redes sociales (con su imagen).

Cada vez hay menor credibilidad en este tipo de premios.


  • René Lankenau
  • Fundador de Whitepaper
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