Patek Philippe es una de las marcas de relojes más codiciadas del mundo. La empresa de Suiza produce algo así como 70 mil relojes cada año —muchos menos de los que el mercado demanda. Esto es parte de la identidad misma de la marca: sus productos son deliberadamente escasos. Con todo y que su precio suele estar por encima de los 30 mil dólares, no basta tener el dinero para comprarlos porque es prácticamente imposible conseguirlos.
La consecuencia natural es que sus relojes suben de precio después de que los venden.
SpaceX —y sobre todo su valuación— ha sido EL tema en los medios en los últimos días. La empresa de Elon Musk debutó en la bolsa el 12 de junio con un precio de 135 dólares por acción, y al momento en el que escribo esto, el precio es de 185 dólares. Con ello, el valor de capitalización asciende a la increíble cifra de 2.44 trillones de dólares.
Esto significa que es la sexta empresa más valiosa del mundo, justo por detrás de Amazon y de Microsoft.
Lo que ha sido menos reportado en los medios es que, al igual que los relojes de Patek, las acciones de SpaceX son también un bien escaso. En una brillante estrategia de Musk, hizo lo mismo que los relojes suizos: las acciones de su empresa son deliberadamente escasas.
En el caso de Amazon, Jeff Bezos tiene como 9% de las acciones de esa empresa y fuera de otros 2-3 inversionistas grandes, algo así como 88% del total de las acciones están “flotadas” en la bolsa (lo que significa que están o que han estado disponibles para ser adquiridas). En Microsoft el float es de 99%. O sea, toda la empresa está disponible en el mercado.
Lo que hizo Musk es que arrojó al mercado menos de 5% del total de acciones de SpaceX. El resto las siguen controlando él, los empleados y los inversionistas originales. Ese float tan bajo explica buena parte de la volatilidad y la locura que se ha generado —poca oferta de papel frente a una demanda enorme en el mercado.
Cada día, menos de 1% de las acciones de Amazon cambian de manos (aunque hay muchas más disponibles en el mercado). Lo mismo sucede con Microsoft.
En el caso de SpaceX, más de 50% de su float cambia de manos en un solo día —algo así como cien veces el ritmo de las empresas con ese nivel de valuación.
Hoy la mayoría de los inversionistas y empleados de SpaceX no pueden todavía vender sus acciones porque tienen restricciones temporales para hacerlo, pero eso va a cambiar. El float dejará de ser muy pequeño y un porcentaje cada vez más grande de esa empresa va a estar disponible en el mercado.
Y a mí la duda que me surge es ¿qué le pasaría al valor de los Patek Philippe, si aumentara de forma dramática el número de relojes disponibles en el mercado?
El concierto
Hay todo un debate acerca de la música que es creada por medio de plataformas de inteligencia artificial. Yo no tengo duda de que esas herramientas puedan producir canciones que terminen siendo populares, pero eso no es lo mismo que creer que esa música terminará generando en el ser humano un sentimiento tan especial como el que logran los grandes artistas. Hace unos días estuve en el concierto de Rush en Ciudad de México y no dejaba de pensar justo en eso: ¿llegará el día en que una plataforma de AI logre generar en una audiencia de miles y miles de personas la emoción que transmitía Rush? No lo veo. O bueno, no todavía.