Airbnb presumió que sus ingresos en el segundo trimestre aumentaron alrededor de 25 por ciento en América Latina, destacando específicamente la fortaleza de su negocio en México. La empresa aseguró que el número de personas que utilizaron su plataforma por primera vez se disparó 40 por ciento en comparación con el mismo periodo del año pasado, y que el precio promedio durante el Mundial, en las ciudades sede, habría sido de menos de 250 dólares por noche.
Esos resultados contrastan de forma importante con lo que reportaron las organizaciones relacionadas con hotelería en nuestro país. Grupo Posadas, Grupo Hotelero Santa Fe, Fibra INN y Fibra Hotel, por ejemplo, registraron menores ingresos en el segundo trimestre, con todo y el famoso Mundial. Incluso Marriott, en su llamada trimestral con analistas, reconoció también que tuvo resultados “débiles” en México.
Claro, no es una comparación muy justa porque en nuestro país el Mundial se jugó sólo en tres sedes, y arrancó en junio (el segundo trimestre apenas capturó unas dos o tres semanas del torneo). Los grupos hoteleros y las Fibras tienen portafolios diversificados por todo el país —muchos hoteles de negocios en ciudades secundarias, hoteles de playa— que no están en las sedes y no vieron ningún bump. Un empujón de tres ciudades durante tres semanas simplemente no alcanza para levantar el promedio nacional de una cadena con decenas de hoteles repartidos por todo el país.
Pero lo que no es muy evidente a primera vista es que este tipo de macroeventos puede terminar desplazando a la demanda normal. Tuve la oportunidad de asistir al juego inaugural, por lo que viajé muy temprano el jueves 11 de junio, de Monterrey a Ciudad de México. Para mi sorpresa, el vuelo de Aeroméxico que tomé tenía muchísimos asientos vacíos —algo que nunca sucede en esa ruta, en un jueves “normal”.
¿Qué pasó? Pues que quienes normalmente hubieran ido a CdMx ese día, mejor no viajaron. Para efectos prácticos, ese día se volvió feriado, y tanto el viajero de negocios habitual, así como el turista de placer, habrían preferido evitar las ciudades sede —temiendo precios exagerados, saturación, caos logístico— mientras que las convenciones se reprogramaron y el tráfico corporativo cayó. Por eso Alsea dijo en su propio reporte que bajaron las ventas en sus Starbucks (pero aumentaron las ventas de Domino’s).
Entonces, lo que pasa es que llegan los aficionados que van a los juegos, pero a la vez deja de llegar la demanda de siempre —algo importante a tener en mente para futuros macroeventos.
Apostándolo todo… todo el tiempo
Terminé de leer la biografía de Masayoshi Son, el famoso fundador de SoftBank. Se llama Gambling man —El apostador— y vaya que es un título atinado. La historia de su vida y de su trayectoria profesional es verdaderamente insólita: crece en Japón en una familia humilde, de origen coreano, y una combinación de ambición y astucia lo llevan a estudiar en Estados Unidos y a obsesionarse con emprender. Termina involucrándose en todo tipo de proyectos, y muy rápidamente se convierte en un emprendedor exitoso. Antes de cumplir 45 años llega a ser la persona más rica del mundo. Luego pierde 99 por ciento de su fortuna. Luego hace una fortuna más grande. Luego cae otra vez. Luego vuelve a ganar. Y vuelve a perder. Y vuelve a ganar… y así se va. Vale mucho la pena.