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Ciudad de México /
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M+.- En México hay básicamente dos grandes sociedades de información crediticia: Círculo de Crédito y el Buró de Crédito. Surgieron hace no más de 30 años, después de que en la crisis de 1994 los bancos llegaron a la conclusión que no había manera de seguir prestando sin tener más información sobre sus propios clientes.

Detrás de Buró de Crédito estaban los bancos más grandes, incluyendo a Banamex, Bancomer y Serfín, que estaban haciendo un joint venture con TransUnion, una empresa de Estados Unidos, para construir una base de datos en la que pudieran consolidar toda la información posible de personas físicas.

Después, algunos de los bancos que estaban especializándose en atender a un segmento socioeconómico de menor nivel decidieron crear su propia versión. Así nace Círculo de Crédito, en donde los accionistas serían Banco Azteca, BanCoppel y Afirme (además de varias personas físicas). Los socios principales aportaron sus bases de datos —Elektra, por ejemplo, tenía ya décadas prestando dinero y por lo tanto una lista enorme de clientes— y se convirtieron además en los primeros usuarios de esa información compartida.

Las sociedades de información crediticia en México han vivido al menos tres olas en las que el mercado cambió. Una fue la aparición del sector de microfinanzas; otro momento de inflexión fue a principios y mediados de los 2000, cuando se expidieron una serie de licencias bancarias: Azteca, Multiva, Intercam y Gentera, por ejemplo, son de esa época (y todos necesitarían acceso a esta información); la tercera ola fue la aparición de las fintech. Estas últimas, respaldadas con millones y millones de dólares, nacieron obsesionadas por crecer de forma exponencial y con ello creció —también casi que de forma exponencial— el mercado de consultas sobre el historial financiero de sus clientes potenciales.

Tanto el Buró como Círculo de Crédito cobran por cada consulta que alguien hace a la información que administran. Son básicamente empresas de tecnología que juegan un rol absolutamente indispensable para uno de los segmentos más dinámicos que hay en este país. Eso se refleja en sus resultados: en 2024, el Buró registró ingresos de 145 millones de dólares, con un ebitda de 70 millones; en Círculo los ingresos de 2025 ascendieron a 134 millones de dólares y ebitda de 62 millones. Son márgenes cercanos a 50 por ciento —o sea, realmente buenos.

En el espacio de unos meses ambas organizaciones fueron adquiridas. A Buró la compró TransUnion el año pasado, mientras que Círculo de Crédito será parte de Equifax. Por el Buró pagaron más de 800 millones de dólares, por Círculo terminarán pagando como 750 millones.

En el mundo de las herramientas digitales y de la IA, los datos valen más y más. Esas empresas de EU están dispuestas a pagar un múltiplo cercano a 12 veces ebitda porque valoran que las firmas adquiridas tienen un modelo de negocio que es “a prueba de balas” —debido a que es prácticamente obligatorio para los bancos utilizar sus servicios para prestar dinero— y también porque ven cómo están creciendo los servicios financieros en el mercado mexicano.

Ambos casos son extraordinarios ejemplos del valor que puede llegar a tener un negocio cuasimonopólico, blindado regulatoriamente y que además juega un rol esencial en un segmento de alto crecimiento. Se parece, hasta cierto punto, a lo que ha sucedido en este país con los aeropuertos —pero en un formato que es completamente asset-light. Por otro lado, no olvidemos que a ambas organizaciones les tomó tres décadas crecer a valuaciones de ese tamaño.


  • René Lankenau
  • Fundador de Whitepaper
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