Quedó consumada la reforma judicial que capturó la atención dentro y fuera del país por, entre otros objetivos, reconfigurar al Poder Judicial y que más de mil 600 juzgadores sean electos mediante voto popular. Mientras se escriben estas líneas, dicha reforma ha sido avalada al menos por el mínimo de los congresos locales requeridos. Así que la preocupación deberá ser otra. Y es que después de todo lo que ha sucedido, como nunca le había tocado al menos a esta generación, lo cierto es que la mayoría de la ciudadanía sigue siendo ajena a lo que implica. Muchas personas apoyaron la idea de una reforma a partir de la poderosa consigna, que es cierta, “la justicia debe mejorar” sin tener claro ¿por qué está mal? o ¿cómo puede afectar en su día a día? Para responder esas preguntas, suponiendo que son las adecuadas, no hay más que apelar a la realidad histórica reciente. El 24 de febrero de 2017 se publicó una reforma constitucional para mejorar la justicia laboral mexicana y atender compromisos internacionales. Una reforma ambiciosa para modernizar un sistema obsoleto que ya no atendía las necesidades actuales y se requería agilizarla, lograr beneficios colectivos, individuales, al Estado y en general, para el desarrollo del país. Sin embargo, para llegar al consenso en su contenido, durante meses se conformaron diversos grupos de análisis con academia, organizaciones sociales, empresas y representantes de los tres poderes a nivel federal y estatal. Hubo muchas discusiones técnicas y prácticas que originaron consensos y disensos, pero que al final permitieron coincidir en muchos puntos para mejorar la justicia en agendas como la atención a empleados/as del hogar; extorsión a empresas; sindicatos charros y blancos; carga de trabajo; corrupción; impunidad; independencia; salarios; transición al poder judicial; tecnología; salas orales; sanciones; sensibilizar a la ciudadanía; que la justicia federal es igual de importante que la estatal; y claro, el reto de implementarla para que realmente impacte en el día a día de la ciudadanía. El panorama es que más bien podría detonar desorden, incertidumbre y riesgos en cualquier relación legal: un contrato de empresa, una relación laboral, un divorcio, una sucesión, la guarda y custodia de un menor, un delito o el cobro de una deuda, mientras que juzgadores y sus equipos estén ocupados consiguiendo votos y no impartiendo justicia. Ahí será cuando la ciudadanía vivirá el impacto de la reforma en su vida diaria. Parece pues, que la pregunta adecuada sería algo como ¿qué hará la ciudadanía para evitar que la justicia cambie de rumbo en detrimento de su vida y del país?
La pregunta adecuada
- Opinión fundada
-
-
Ricardo Corona
León /
-
-
Anticipos que levantan cejas en Wall Street
- Punto de Equilibrio
-
-
-
Les ciega su arrogancia
- Itinerarios
-
-
-
Sergio Mayer 'for president'
- Política cero
-
-
-
Los problemas de Trump… y sus peligrosas consecuencias
- Duda razonable
-
-
-
Angélica Rivera y los perros
- El pozo de los deseos reprimidos
-
-
Ir a todas las Opiniones
-
-
Transparencia y democracia
- Opinión fundada
-
-
-
Políticas judiciales
- Opinión fundada
-
-
-
Estrategia contra la impunidad
- Opinión fundada
-
-
-
Voces críticas
- Opinión fundada
-
-
Ir a las columnas de Ricardo Corona
LAS MÁS VISTAS
-
Terremoto de magnitud 7.4 sacude costas de Indonesia; activan alerta de tsunami -
¿A qué hora empieza el MEGABLOQUEO de transportistas el 6 de abril? Horarios de movilización por Paro Nacional -
América vs Atlas: ¿Cómo y dónde VER partido de la Jornada 15 en la Liga MX Femenil? -
¿Dónde sacar la CURP Biométrica en 2026? Estos son todos los MÓDULOS en donde podrás hacer el trámite -
Despegue Artemis 2 EN VIVO. Minuto a minuto de la misión hacia la Luna de la NASA EN DIRECTO