La cumbre de la exclusión

Ciudad de México /

Proponer un “Escudo de las Américas” con la exclusión de las tres poblaciones, los tres territorios y las tres economías más grandes del continente americano (Brasil, Canadá y México), cuyas superficies representan una tercera parte del macizo continental, nos habla ya de la naturaleza excluyente, discriminatoria y limitada de una posible salvaguardia americana. O, dicho de otra manera, nos revela el criterio parcial, ideologizado y de corto alcance con que fue diseñada la reunión.

¿Qué tienen en común quienes asistieron a la cumbre? La pertenencia a una corriente de pensamiento político y económico que privilegia el mercado sobre el Estado; la empresa privada sobre la empresa pública; el capital financiero sobre el capital social y el derecho a la fuerza sobre la fuerza del derecho en la solución de las controversias. Para expresarlo de una manera gráfica, fue una cumbre de mandatarios de la derecha latinoamericana.

¿Ello demerita la iniciativa del Escudo de las Américas? Por supuesto que no, pero sí es necesario ubicar sus alcances, propuestas y consecuencias.

El otro elemento, que nos atañe directamente, es haber puesto a México y al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum en el epicentro de la violencia que vive el continente por la irrupción de las bandas criminales y en el centro de la seguridad nacional de Estados Unidos (EU). Este criterio sí es un cambio cualitativo en la doctrina de la seguridad nacional y continental que durante décadas compartieron por igual gobiernos demócratas y republicanos en ese país.

En efecto, en materia de seguridad nacional, México jugó un papel especial durante la llamada Guerra Fría y después durante el surgimiento de un orden económico multipolar. En la etapa de la posguerra, nuestra nación fue considerada el backyard o patio trasero de la Unión Americana. Con un margen reducido de autonomía, el nuestro, por ejemplo, era uno de los principales países donde operaba la CIA.

Después, durante el reordenamiento multipolar, México se convirtió en un puente de negociación, comunicación y mediación entre EU y naciones del Caribe y Centroamérica; una especie de “hermano mayor” al que se acudía con respeto y confianza, dada su probada tradición diplomática independiente. Tanto republicanos como demócratas lo consideraban un aliado importante para la seguridad estadounidense, dada la contención y resolución de problemas como la migración irregular y el tráfico de drogas.

Hoy todo eso ha cambiado con la cruzada iniciada por el presidente Trump para que EU vuelva a ser el polo central del poder económico y militar planetario. En este nuevo orden, México no es considerado ni bisagra, ni mediador, ni socio comercial, ni hermano mayor, sino una de las amenazas principales para la seguridad y la prosperidad de la Unión Americana. Y esto es un giro de 180 grados, insospechado, en los más de 200 años de relaciones diplomáticas entre ambos países soberanos.

Con el Escudo de las Américas, el narcotráfico ya no es un problema de salud pública, policial o judicial. Es una amenaza terrorista transnacional que solo puede enfrentarse con soluciones y estrategias de exterminio militar “letal”.

Esta noticia llega justo cuando México entra a la renegociación del T-MEC, en la que el petróleo, el litio y las tierras raras jugarán un papel especial. Seguramente de esta reunión no será excluido nuestro país, por el contrario, se le incluirá, pero con propósitos y motivaciones muy raras o muy transparentemente geopolíticas. 


  • Ricardo Monreal Ávila
  • ricardomonreala@yahoo.com.mx
  • Coordinador de los senadores de Morena y presidente de la Jucopo / Escribe todos los martes su columna "Antilogía" en Milenio Diario
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