México y Oriente Medio

Ciudad de México /

El realineamiento del orden mundial cuatripolar (América, China, Rusia, Asia) está viviendo uno de sus capítulos más incendiarios y de alto riesgo: la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.

Como todo lo que sucede en Oriente Medio desde el siglo XIX, la producción, la distribución y el comercio del petróleo de la región tienen que ver con la causa principal del conflicto, a la que siempre se le aderezan motivos humanitarios y democráticos, como la eliminación de armas de destrucción masiva y la liberación del pueblo en cuestión del “yugo de un régimen teocrático”.

Al menos así sucedió en la guerra del golfo Pérsico de 1980; en la llamada Tormenta del Desierto, de 1990, y en la actual Furia Épica y Rugido del León, de 2026. Al final, siempre emergen uno o dos gobiernos árabes perdedores y un nuevo reparto mundial del acceso a la principal fuente de energía de la economía planetaria, con todo y transición energética hacia fuentes alternas: el petróleo. Geopolítica pura.

Por cierto, tanto en 1980 (Irak vs. Irán) como en 1990 (Irak vs. Kuwait), sendas comisiones de la ONU llegaron a la conclusión de que “las armas de destrucción masiva no existieron”, a lo que las potencias invasoras respondieron “no las encontraron porque nosotros las destruimos antes”.

Sobre la esperada liberación de los pueblos de gobiernos teocráticos dictatoriales, el cambio político se redujo al derrocamiento del ayatolá en turno, para la asunción de otro gobierno igual o peor (en términos de indicadores democráticos occidentales), pero proveedor puntual y barato del petróleo y gas de la región. Pura geopolítica.

Tanto hoy como ayer y anteayer, el canal de Suez y el estrecho de Ormuz son el centro del tablero de ajedrez. Entre ambas rutas se mueve 40 por ciento del comercio mundial energético, y siempre que hay conflicto en esa parte del orbe, la economía, el comercio y las finanzas mundiales sudan frío y hacen temblar a la mitad del planeta.

La otra mitad, que queda quieta y expectante, al final suele decidir, mediar y equilibrar el curso de estos amagos bélicos. Hablamos de Europa, Rusia y China. Por lo pronto, la duración del conflicto, conforme a los precedentes, podría ser de cuatro a seis semanas, y mientras el barril de petróleo no suba más de 25 dólares en ese tiempo, los cisnes negros de la inflación y la recesión mundiales no alzarán su vuelo.

¿Qué puede hacer México en este selvático escenario? Lo que puede es lo que debe hacer. No más, no menos. Por lo pronto, rescatar de la región a las y los mexicanos que están atrapados en esa parte del planeta y que ven literalmente pasar sobre sus refugios las bombas de unos y otros. Ceñirse el cinturón de seguridad que son los principios de política exterior señalados puntualmente en el artículo 89, fracción X, de nuestra Constitución. Seguir la política de no alineación respecto a las partes en conflicto y, por el contrario, jugar del lado de la negociación y la distensión. Evitar que la negociación del T-MEC sea rehén de este nuevo realineamiento o moneda de cambio de apoyos a posturas belicistas. Pugnar en foros internacionales por una rápida terminación del conflicto. Y no entusiasmarnos mucho con precios altos del crudo de exportación, porque, como diría el clásico, así como exportamos naranjas, importamos jugo de naranja.


  • Ricardo Monreal Ávila
  • ricardomonreala@yahoo.com.mx
  • Coordinador de los senadores de Morena y presidente de la Jucopo / Escribe todos los martes su columna "Antilogía" en Milenio Diario
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