Ni piñata… ni tiro al blanco

Ciudad de México /

A dos años de la victoria electoral de la candidata Claudia, la Presidenta Sheinbaum alertó de la embestida política, diplomática, judicial y mediática que el movimiento de la 4T enfrenta por parte de la ultraderecha internacional y nacional.

“¡México no es piñata de nadie!”, señaló en el momento más emotivo de su mensaje político, al denunciar que la derecha estadunidense, en abierta colusión con la derecha mexicana, buscar ganar simpatías y popularidad a costa de presentar a México como una amenaza narcoterrorista, y de señalar como un brazo político de los cárteles criminales al gobierno legítimo que ella encabeza.

La Presidenta tuvo el cuidado diplomático y político de no responsabilizar al presidente Donald Trump de esta embestida. Más bien aludió a lo que en Washington se conoce, desde hace décadas, como el establishment estadunidense, que con frecuencia toma decisiones de manera autónoma e independiente de su propio presidente. Es también conocido como la “burocracia imperial”, porque sus determinaciones afectan a todo el mundo, actúan extraterritorialmente, se financian en ocasiones con recursos de procedencia dudosa y tienen métodos de actuación que siguen puntualmente la conseja maquiavélica de que “el fin justifica los medios”.

Esta burocracia imperial no es ideológicamente neutra. Se concibe y define a sí misma como la guardiana o la policía del mundo para preservar los valores más caros de la derecha internacional: el libre mercado, la sagrada familia, la globalización económica, la desigualdad como orden social natural, la superioridad racial, la inferioridad de los pueblos originarios y la supremacía de los gobiernos con mayor capacidad y fuerza de guerra. Es la derecha que proclama el derecho a la fuerza y desdeña la fuerza del Derecho.

Es la derecha que se apoya en el uso bélico de la geopolítica para buscar un nuevo orden mundial, cuyo objetivo central es el control y dominio de las tierras raras o minerales estratégicos, de las riquezas del subsuelo, de la explotación de los mercados laborales y del dominio de los flujos internacionales del capital financiero. Este nuevo orden económico tiene una nueva consigna política: no hay lugar para gobiernos nacionalistas, soberanistas o que se identifiquen con las llamadas “izquierdas”. Solo tienen cabida las derechas locales sumisas, entreguistas y colonizadas.

A dos años del triunfo del Segundo Piso de la 4T, había que denunciar en voz alta y en todos los tonos la estratagema (que no estrategia) de la ultraderecha internacional y sus nativos aliados; ya los vimos, ya sabemos que están durmiendo en la misma recámara y que se bañan a la misma hora, en la misma ducha, pero no los vamos a dejar ni nos vamos a dejar. Para esta derecha reptante y entreguista, en efecto, México no será su piñata ni su botín.

Y al establishment o burocracia imperial, que se integra por todas las agencias de seguridad que hacen de la injerencia extraterritorial y metadigital su carta de presentación, le recordamos que con México tampoco se juega el tiro al blanco. Si en el sur hay narcopoderes, es porque en el norte hay narcomercados, y que más vale que los gobiernos de ambos lados se coordinen, se comuniquen y se corresponsabilicen de acabar con el enemigo común, que amenaza a ambas naciones por igual: el narcoterrorismo. Por ello, a México hay que respetarlo y tratarlo como un aliado confiable; ni piñata ni tiro al blanco.

  • Ricardo Monreal Ávila
  • ricardomonreala@yahoo.com.mx
  • Coordinador de los senadores de Morena y presidente de la Jucopo / Escribe todos los martes su columna "Antilogía" en Milenio Diario
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