Hoy se cumplen dos semanas de que se reportó el arribo de una inmensa mancha de chapopote a las playas veracruzanas. Sin embargo, 15 días antes se identificó por primera vez, gracias a imágenes satelitales, el derrame de hidrocarburos frente al poblado tabasqueño de Andrés Sánchez Magallanes.
Fue por esas fechas que los pescadores de la zona denunciaron la presencia de tortugas muertas sobre la playa y luego vendría también la mortandad de los peces.
De acuerdo con información oficial, la mancha abarca más de 37 kilómetros cuadrados y habría afectado la vida a lo largo de 237 kilómetros de litoral, impactando a 39 poblaciones.
Intriga la tardanza de la secretaría federal de Medio Ambiente para rendir cuentas. No fue hasta el lunes pasado que una autoridad se atrevió a proporcionar explicaciones.
Rocío Nahle, gobernadora de Veracruz, dijo que la fuente del derrame sería un barco que venía trabajando en las costas tabasqueñas frente al poblado de Sánchez Magallanes.
Si bien hizo énfasis en que no se trataba de una embarcación de Pemex, la mandataria omitió proporcionar información precisa sobre los responsables de la tragedia.
Muy probablemente la embarcación referida sería propiedad de ENI, una empresa italiana que habría conseguido autorización en 2014 para explotar campos petrolíferos en la zona.
Si bien la Secretaría de Medio Ambiente no ha confirmado este dato, de ser correcto se trataría del buque FPSO Miamte MV34.
Esta embarcación estaría anclada a unos 10 kilómetros del litoral y tendría capacidad para manejar más de 90 mil barriles de petróleo por día. Alguna tragedia mayor tuvo que haber ocurrido para que buena parte del chapopote que se encontraba en su panza escapara sin contención y se extendiera a lo largo de una geografía tan grande.
Rocío Nahle asegura que en un par de semanas será limpiada toda la suciedad. Dice esto para tranquilizar a los vacacionistas que, contra los buenos deseos de la mandataria, muy probablemente esta Semana Santa serán testigos de una tragedia que, en realidad, tardará años en mitigarse.
Sorprende que haya tardado tanto en reaccionar la autoridad ambiental. Una fuga de este tamaño merecía máxima atención y, en vez de ello, los gobernantes lanzaron la responsabilidad tan lejos como pudieron.
Zoom: Todo ha sido una tragedia, el ecocidio, pero también la demora para determinar el origen de la fuga, así como para remediar sus consecuencias.