Ayer miércoles, por la mañana, amaneció colgado de los ventanales de una edificación el cuerpo de un hombre de entre 37 y 45 años. Vecinos de la colonia Obrera de la CDMX dieron aviso a las autoridades, quienes no han determinado aún si se trató de un suicidio o de un asesinato.
El martes previo, tuvimos noticia de tres personas más que habrían perdido la vida de manera violenta en la capital del país.
Ante la mirada horrorizada de su hija, Jesús Morales fue baleado, a plena luz del día, sobre la avenida Marina Nacional. Los testigos reportan que bajó de su vehículo para enfrentarse a otro conductor, el mismo que le arrebató la vida con un arma de fuego.
Más temprano, un joven de 28 años fue apuñalado por dos sujetos en la colonia Mártires del Río de la alcaldía Gustavo A. Madero. Este hecho también contó con testigos que habrían narrado a la policía lo ocurrido y proporcionaron información sobre el sitio en el que presuntamente se escondieron los asesinos.
El lunes fue hallado, igualmente por vecinos, el cuerpo de una mujer de entre 15 y 18 años, en la zona de Los Dinamos de la alcaldía La Magdalena Contreras. La Fiscalía General de Justicia de la CDMX dio como causa de muerte un estrangulamiento. Se presume que podría ser una chica reportada desaparecida un par de semanas atrás.
La misma semana en que ocurrieron estos decesos, Clara Brugada, jefa de gobierno de la capital, propuso a los medios de comunicación que dejen de informar sobre hechos similares por considerarlos como nota roja. Supone ingenuamente que tal cosa serviría para cambiar las percepciones sobre la peligrosidad de la CDMX.
Es equivocado asumir que en una época como la nuestra bastaría con que los dueños de los medios tradicionales, o los periodistas que trabajamos en ellos, firmásemos un pacto de silencio para modificar mágicamente la mórbida contabilidad.
Los testigos que informaron de cada uno de estos eventos habrán consignado cada caso en sus dispositivos móviles. En el remoto supuesto de que los periódicos, la radio o la televisión callaran, ¿cómo haría Brugada para que ese material no subiera a las redes sociales?
¿Será que la jefa de gobierno está pensando incluir a las plataformas digitales en su acuerdo? ¿O también a los familiares de las víctimas, a los testigos y a toda la ciudadanía?
Zoom: Se equivoca Brugada. El silencio frente a la muerte es una forma de revictimización que ni la prensa ni la sociedad pueden permitirse.