El argumento de la cabeza fría se ha desgastado ante la humillación. Este fin de semana volvió a ocurrir: Donald Trump se refirió a las virtudes femeninas de Claudia Sheinbaum, antes de tratarla de nuevo con majadería.
Ahora no lo hizo ante un puñado de reporteros, sino frente a trece representantes de naciones latinoamericanas, durante la reunión denominada “Escudo de las Américas,” a la cual no fuimos convocados.
Parodiando un tono suplicante, el habitante de la Casa Blanca se mofó de la negativa expresada por la mandataria mexicana a que tropas estadunidenses ingresen a nuestro territorio para combatir a los cárteles del narcotráfico.
¿No será ya tiempo para que Sheinbaum marque con firmeza el alto a una agresión verbal que no solo es contra ella sino contra el país entero?
Es hora de elevar la voz para decir que una intervención militar estadunidense sobre territorio mexicano sería la peor estupidez.
No es una solución sensata porque escalaría la violencia y ésta desbordaría hacia Estados Unidos. Tampoco lo es porque, dada la historia que hay entre los dos países, provocaría un rechazo social contrario al objetivo buscado. Y también porque debilitaría al gobierno y a las instituciones mexicanas, sin las cuales sería imposible erradicar a las empresas del narcotráfico.
Inversamente a los dichos de Trump, el gobierno de Sheinbaum ha avanzado —como ninguno de los anteriores— en el desmantelamiento de los dos cárteles más grandes, el de Sinaloa y el de Jalisco Nueva Generación. Hoy no tendría ningún sentido romper la colaboración bilateral que paradójicamente está mostrando buenos resultados.
Es hora de aprender algo de Mark Carney, el primer ministro de Canadá, quien, sin estridencias, ha sabido dignificar la posición de su nación. En Davos marcó distancia cuando dijo que existe una fuerte tendencia a acomodarse, a evitar problemas, pero que con Trump tal cosa es contraproducente. En efecto, aguantar estoicamente la humillación, en vez de confrontar los desplantes del magnate, alimenta su arrogancia.
Prueba de que la estrategia de Carney funciona fue la llamada que los mandatarios de Canadá y EU sostuvieron ayer y que según un comunicado de la Casa Blanca sucedió a partir de un diálogo respetuoso.
Zoom: Si México quiere cambiar el tono de la conversación requeriríamos toda la cabeza fría que sea posible y, al mismo tiempo, la firmeza necesaria.