Héctor Melesio Cuén fue asesinado hace dos años, el jueves 25 de julio. Dos jóvenes intentaron asaltarlo en una gasolinera; él se resistió y los delincuentes dispararon contra sus piernas. Mientras se desangraba, fue trasladado a la clínica donde terminó muriendo.
Esta es la versión que hizo pública la fiscal general de Sinaloa, Sara Bruna Quiñones. Aunque otro hecho criminal acaparó la atención en esas mismas horas, la noticia golpeó fuerte a la opinión pública, pues Cuén era una figura política relevante: exrector de la universidad, exlegislador, exsecretario de Salud y fundador del Partido Sinaloense (PAS).
El suceso paralelo fue el secuestro y traslado a Estados Unidos del legendario Ismael Zambada. Por la contundencia con que la fiscal Bruna Quiñones presentó las circunstancias del deceso de Cuén, al principio nadie pensó que ambos hechos estuvieran relacionados.
Sin embargo —se sabría más tarde—, Bruna fabricó la escena de la gasolinera y el supuesto asalto. Cuando la Fiscalía General de la República (FGR), entonces bajo las órdenes de Alejandro Gertz Manero, se hizo cargo de la investigación, brotó una imparable columna de inconsistencias.
Los empleados de la gasolinera no escucharon ningún disparo; el ataque no se procesó criminalísticamente; los signos cadavéricos (temperatura, lividez, lesiones) no se registraron correctamente, y el cuerpo tampoco se preservó de manera adecuada. En resumen, la versión que Bruna Quiñones narró era falsa.
En derecho penal, cuando se fabrica un crimen suele ser para ocultar otro mayor. Y fue Ismael El Mayo Zambada quien reveló el crimen encubierto: a Melesio Cuén lo asesinaron durante el mismo episodio en que él fue secuestrado.
La fiscalía estatal quedó exhibida como cómplice de esa fabricación.
No obstante, no existe al día de hoy una sola orden de aprehensión contra Bruna Quiñones ni contra los ministerios públicos, los peritos o los policías que montaron la escena de la gasolinera.
Zoom: Han transcurrido setecientos treinta y un días sin que la FGR haya actuado como debía. El caso ofrece otra prueba de justicia selectiva. Hoy la fiscal Ernestina Godoy es tan cómplice de aquella mentira como en su momento lo fue Bruna Quiñones.