El Ejército de Estados Unidos ha venido armando a los cárteles de la droga que el gobierno de ese mismo país declaró organizaciones terroristas.
Esta relación fue revelada por un reportaje publicado el sábado 7 de febrero en el New York Times (NYT) y lleva la firma de tres destacados periodistas: Ben Dooley, Isabella Cota y Emiliano Rodríguez Mega.
Durante años la venta masiva de armamento que llega al país desde Estados Unidos ha sido señalado como motor de la violencia que se vive en México.
A este respecto merece una lectura atenta el libro, también publicado recientemente, La violencia vino del norte, de Carlos Pérez Ricart. Según este académico del CIDE ingresan anualmente de manera ilegal 145 mil armas provenientes de EU.
El aporte de Dooley, Cota y Rodríguez es haber puesto ahora la mirada en las municiones empleadas por esas armas de alto calibre. Después de seguirles la pista, los reporteros informan que, casquillos de proyectiles calibre .50, encontrados en territorio mexicano, llevan las letras L.C, lo cual quiere decir que tales municiones, antes de ser disparadas, fueron fabricadas por una planta ubicada en Lake City, Kansas, perteneciente al Ejército estadunidense.
Citan entre los eventos donde aparecieron esos casquillos un enfrentamiento, en Villa Unión, Coahuila, donde estuvieron involucrados integrantes del Cártel del Noroeste y oficiales de la policía local.
La investigación publicada por el NYT cita también un reporte del Congreso estadunidense en el cual se afirma que “las Fuerzas Armadas de EU armaron indirectamente civiles con algunas de las municiones más poderosas y destructivas disponibles”.
Cabe advertir que estas municiones pueden ser disparadas a una milla de distancia y serían capaces de derribar un helicóptero en el aire.
Aparentemente, el Ejército de Estados Unidos contrató a un agente privado para la venta de las municiones producidas en la planta de Lake City y este sería el eslabón que podría haber hecho negocios directamente con los criminales mexicanos.
Zoom: Pérez Ricart afirma que la violencia en México comenzó a crecer de manera pronunciada, por allá de 2003 o 2004, cuando EU relajó el control en la venta de armas dentro de su territorio. Ahora habría que añadir el papel jugado por el ejército estadunidense en esta misma espiral de violencia que tantas decenas de miles de vidas mexicanas ha segado en los últimos 20 años.