El Mirrey del Bienestar

Ciudad de México /
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“Las palabras de esa misiva no están a la altura de la gravedad del momento; más bien lo agravan”. Octavio Hoyos


Sin duda la revocación de la visa por parte del gobierno de Estados Unidos tiene un significado político relevante, pero la respuesta que Andrés Manuel López Beltrán dirigió a Donald Trump a propósito de este tema resulta todavía más reveladora.

Ese texto deja al desnudo a uno de los hombres más poderosos de la vida pública mexicana: lo es porque así lo decidió su padre, Andrés Manuel López Obrador, y porque el Movimiento Regeneración Nacional aún lo mantiene en un altar.

Es una exageración afirmar que el retiro de la visa sea un acto de injerencismo en la vida política nacional; sin embargo, así lo consideró ayer el Comité Ejecutivo Nacional de Morena. Para el máximo órgano político del partido lopezobradorista, negar el permiso de entrada a Estados Unidos es “una estrategia mediática internacional para desacreditar al Movimiento de la Cuarta Transformación”.

¿Qué ser humano puede conservar la sensatez y la prudencia cuando es tratado, inmerecidamente, como estandarte inmaculado de la Nación?

La carta publicada por Andy López Beltrán confirma el extravío, casi lógico, que padece este individuo. Exhibe con detalle la geografía mental de un sujeto perdido en el laberinto de su propia mente: un texto más propio de un adolescente en plena rabieta que de un político con oficio.

Las palabras de esa misiva no están a la altura de la gravedad del momento; más bien lo agravan. Es evidente que se trata de un hombre que, entrado en la cuarta década de su vida, aún no sabe quién es.

La suya es una diarrea de palabras disparatadas en la que lo mismo acusa a Marco Rubio y Christopher Landau —secretario y subsecretario de Estado de la administración trumpista— de ser unos pandilleros fanáticos y anticomunistas, que señala al pueblo estadunidense por su decadencia, odio, racismo, drogadicción y desintegración familiar.

¿Quién es Andy López Beltrán para suponer que Trump podría sentirse desafiado por su reclamo? ¿Quién es para exigir la renuncia de Rubio y Landau? ¿Dónde cree que está parado cuando asume que, desde la Oficina Oval, responderán a su diatriba enrevesada?

La carta expone a Andy no como a un adulto, sino como a un mozalbete enrabietado. Da pena: si tuviera dos décadas menos podría tolerarse el exabrupto, pero no es el caso. Este hombre, mayorcito, tiene un problema serio de madurez.

Nadie así debería asumir responsabilidades relevantes y, sin embargo, Andy las ha tenido, y en exceso. No me refiero al cargo de secretario de Organización de Morena o al de aspirante a diputado, sino al rol importantísimo que su padre le asignó durante su administración.

Pocas personas tuvieron más poder en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Influyó en decisiones determinantes y, sobre todo, hizo nombramientos relevantísimos. El expresidente mintió cuando dijo que tenía un acuerdo con su familia para que nadie de su círculo íntimo aprovechara el parentesco para obtener influencia indebida. Según ese pacto, Andy y sus hermanos —también Beatriz Gutiérrez Müller— debían apartarse de las malas costumbres de la política mexicana, tales como “el amiguismo, el influyentismo o el nepotismo”.

Pero ese pacto, si existió, no fue más que una fachada, pues la realidad resultó muy distinta. Andy y sus hermanos colocaron a amigos leales en puestos dentro del Servicio de Administración Tributaria (SAT), en las aduanas, en la Secretaría del Trabajo y en otras áreas relacionadas con la asignación de jugosos contratos y obra pública.

Estos nombramientos confirman, sin mayor discusión, el enorme poder de los hijos de López Obrador. Destacan entre ellos el de Antonio Martínez Dagnino, jefe del SAT desde 2022; Juan Pablo de Botton, subsecretario de Hacienda; Carlos Torres Rosas, secretario técnico del gabinete y coordinador de los superdelegados del Bienestar; Alberto Becerra Mendoza, director del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado; Alex Tonatiuh Márquez, director de Inteligencia de la Agencia Nacional de Aduanas; Daniel Asaf Manjarrez, encargado de la ayudantía de la presidencia; Daniel Arturo Casasús, secretario de obras de Tabasco durante la construcción de la refinería de Dos Bocas; o Amílcar Olán, contratista que se hizo multimillonario gracias a los servicios prestados en la construcción de esa misma refinería, así como del Tren Maya. Olán fue, además, proveedor del sector salud del estado de Sinaloa durante la gestión de Rubén Rocha Moya.

Este mapa de nombramientos coincide con el mapa de la corrupción más escandalosa del gobierno de López Obrador. El SAT, Hacienda y Aduanas son dependencias vinculadas al contrabando de combustible, popularmente conocido como huachicol fiscal.

Por su parte, las contrataciones de obra ligadas a Dos Bocas y a los trenes Maya e Interoceánico completan la cartografía del abuso y los negocios sucios. Lo mismo ocurre con los trapicheos cómplices relacionados con el gobierno sinaloense.

No fue necesario que Andy o sus hermanos ocuparan un cargo público para que ejercieran el amiguismo, el influyentismo o el nepotismo. Bastó con que su padre les entregara carta blanca para colocar a sus leales en posiciones sensibles de la administración pública federal: eso hizo que su poder fuera enorme.

Al país le hizo mucho daño que estos sujetos, por el solo hecho de ser hijos del Presidente, tuvieran un margen de acción tan amplio. Y, a la inversa, ese poder también arruinó a los propios hijos del exmandatario.

La desubicación política y, sobre todo, el desorden mental que muestra la carta dirigida a Trump son prueba de ello: no contar con otro mérito que ser hijo de López Obrador y, aun así, tener tanto poder, fue una combinación desafortunada.

Nadie votó por Andy; nada tuvo que hacer para encumbrarse. Fue el azar de la cigüeña el que lo convirtió en el Mirrey del Bienestar y ahora en arbitrario símbolo de la soberanía nacional.

Si lo del injerencismo es una patraña, ¿por qué el gobierno estadunidense le retiró la visa a Andy López Beltrán? A estas alturas, cualquier respuesta sería mera especulación. No obstante, hay un ángulo que merece atención: el mapa del huachicol fiscal y el de los nombramientos propuestos por Andy corren por caminos convergentes.

No tardaremos en saber si solo se trató de una visa revocada o si hay algo más explosivo cocinándose en Washington. Por lo pronto queda evidenciado que el lopezobradorismo también tiene su Mirreynato. 


  • Ricardo Raphael
  • Es columnista en el Milenio Diario, y otros medios nacionales e internacionales, Es autor, entre otros textos, de la novela Hijo de la Guerra, de los ensayos La institución ciudadana y Mirreynato, de la biografía periodística Los Socios de Elba Esther, de la crónica de viaje El Otro México y del manual de investigación Periodismo Urgente. / Escribe todos los lunes, jueves y sábado su columna Política zoom
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