Política zoom

El falso mesías, según el falso periodismo de 'The Economist'

Ricardo Raphael

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Veo que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, denunció nuestra historia de portada esta mañana en su conferencia matutina. Léala y decida por usted.”

Esta frase se publicó en Twitter ayer a las 11:30 y el autor es Robert Guest, editor internacional de la revista The Economist.

Se trata de la misma persona que propuso, para el número previo a los comicios mexicanos, que esta publicación llevara en la portada el rostro del Presidente mexicano acompañado de una sentencia un tanto hinchada: “El falso mesías mexicano.”

La pieza en cuestión no es un reportaje periodístico, no atiende preocupaciones investigativas, ni se hace preguntas más allá de la obviedad. Aunque haya quien quiera hacerla pasar por un texto de análisis, tampoco ese es el propósito sincero de la “historia” defendida por Guest.

Como la mayoría de las cosas que se oyen y leen en estos días preelectorales, es un acto de mera propaganda que infantiliza a los votantes al proponerles, con amarillismo, cómo habrían de sufragar.

Erró la pluma que redactó estas líneas y peor aun el editor que decidió utilizar la portada de The Economist como si fuera un anuncio espectacular de una avenida transitada.

El cinismo viene en las últimas palabras del tuit de Guest: “Léala y decida por usted.”

Este no es un texto dispuesto para ofrecer una lectura racional ni desapasionada de cuánto estará en juego en la elección de la semana próxima.

Tiene como obvia intención reiterar machaconamente los argumentos de quienes detestan la opción política encabezada por López Obrador, y también acusar a las personas que podrían entregar su voto al partido del presidente de ser fanáticos seguidores del mesías falso.

La presumida “historia” es un catálogo nada novedoso sobre los errores que se le imputan a la administración lopezobradorista. No aporta nada distinto a los eslóganes de campaña que bombardean diariamente por la radio, la televisión o en los discursos políticos.

Quien elaboró esta pieza, y también quien la editó, no merecerían cobrar por el trabajo. Hicieron lo que en el lenguaje de los usuarios de las computadoras se conoce como “copy-paste”.

La revista The Economist perdió una gran oportunidad para hacer lo que sus profesionales solían hacer muy bien: investigar con rigor.

El cuarto párrafo de este panfleto propagandístico recuerda que 61 por ciento de la población mexicana aprueba la gestión de López Obrador.

¿Por qué este Presidente llega a las elecciones intermedias con tal nivel de apoyo? Esta era la pregunta pertinente que casualmente la revista inglesa omitió formular. Pero con una cara dura que ningún lector se merecería, los autores defendieron como hipótesis que, en México, quienes respaldan al Presidente, están enceguecidos por los engaños de un mesías de pacotilla.

La falta de respeto cometida por The Economist no es al Presidente mexicano, sino a esa población a la que evidentemente desprecia.

Supongo que los editores en Latinoamérica estarán conscientes del grado superlativo de clasismo que flota en la campaña electoral mexicana. Lamentablemente los opositores llevan al menos tres lustros acusando a los votantes del lopezobradorismo de ser incultos políticamente, pelmazos de una rafia clientelar y desentendidos de la democracia.

Con su texto cómplice, pero sobre todo simplista, The Economist estigmatiza sin analizar.

Mexico’s false messiah”, publicado en la edición del 29 de mayo de este año merecería ser una pieza utilizada en las clases de periodismo para explicar porqué el periodismo ha perdido clase a la hora de criticar al poder.

Nos debe la revista una mejor explicación sobre las razones que pesan en la demanda política de las y los electores que se han decantado por el partido mayoritario.

En vez de aportar criterio para comprender los clivajes de la elección y explicar las razones detrás de las tendencias que ya se asoman respecto a los resultados del próximo domingo, en lugar de analizar, no solo la oferta política —supuestamente fallida de López Obrador— sino también los fallos de las otras ofertas durante esta elección, The Economist, con un tono engolado se contenta con dictar línea “electoral.”

El martes de esta semana, Arturo Zaldívar, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, publicó en MILENIO un artículo titulado “Juzgar en tiempos de polarización”. Ahí sugiere que en estos días rijosos los jueces estarían obligados a aferrarse a los argumentos y la evidencia objetiva para no sucumbir ante la presión de los extremos.

Esa reflexión hace pensar en Ulises, cuando se encadenó al mástil de su embarcación, para no ser seducido y luego devorado por las arpías. Es el caso de los jueces, pero también de quienes ejercemos el oficio del periodismo: ese mástil son los razonamientos sobrios, las pruebas y su balance, y tan importante como lo anterior, son la pertinencia de nuestras preguntas y la relevancia de las respuestas ofrecidas.

Una revista seria que propone como portada “Voters should curb Mexico’s power-hungry president” no es una revista seria.

Si la prestigiosa The Economist renunció a hacer periodismo, las y los profesionales de la información tenemos razones para estar preocupados. La propaganda es una política editorial tan ruinosa como las presuntas políticas de López Obrador señaladas por este medio.

Acaso porque el argumento era político y no periodístico, fue que la portada referida no circuló en Londres, París o Estambul. Era un producto para consumirse en casa, o en el subcontinente que para efectos prácticos es casi lo mismo, porque el clasismo, como argumento, recorre otra vez América Latina con furia.

Ricardo Raphael

@ricardomraphael

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