Ken Salazar mintió y omitió información al gobierno mexicano a propósito del secuestro y la detención de Ismael Zambada García, El Mayo.
Así lo afirmaron la presidenta Claudia Sheinbaum y también Ernestina Godoy, fiscal general de la República.
El exembajador estadunidense, en funciones durante el gobierno de Joe Biden, se defiende: dice que siempre ha hablado con la verdad y mantiene la misma posición que expresó en julio de 2024, cuando El Mayo fue trasladado a Nuevo México: “no fue nuestro avión, no fue nuestro piloto, no fue nuestra operación”.
Dentro de esa frase, Salazar colocó una bomba de relojería que le estalló en plena cara al gobierno mexicano. Las cuatro palabras que invirtieron las flechas —las que hasta entonces señalaban quién era el acusador y quién el mentiroso— son estas: “no fue nuestro piloto”.
¿De quién era, entonces, el piloto? La pregunta es clave, porque de su respuesta se desprende que el mentiroso podría no ser Ken Salazar, sino la autoridad mexicana.
Alejandro Ojeda Ávila, El Jando, trabajaba para los medios hermanos Iván Archivaldo Guzmán Salazar y Joaquín Guzmán López, y fue el piloto que condujo al Mayo a Nuevo México. Así lo hizo saber en dos ocasiones Omar García Harfuch, secretario federal de Seguridad: una el martes 11 de febrero y otra el lunes 24 de marzo de 2025.
En la primera ocasión, a pregunta expresa de la prensa, el secretario dijo que El Jando “era el piloto de confianza del líder de la célula ligada a la privación ilegal de la persona entregada en Estados Unidos”.
Un mes después precisó: “El Jando sí tuvo participación en el secuestro y el traslado por la fuerza del Mayo”.
Sin embargo, ciento cinco lunas más tarde, Harfuch se echó para atrás. Al entregarlo a Estados Unidos, modificó su versión: “Él no participó de manera directa en el traslado… (pero) sí se confirma que es piloto privado y persona de confianza de Iván Archivaldo”.
¿A quién le creemos? ¿Al secretario que habló el 11 de febrero, al del 24 de marzo o al de agosto de 2025?
El asunto se complica aún más con la Fiscalía General de la República, que hace unos cuantos días ofreció una versión muy distinta de las anteriores: sostiene esa dependencia que no supo quién era El Jando hasta junio de 2026, cuando sus huellas digitales y el registro de su voz permitieron confirmar su identidad.
Zoom: aquí sólo caben dos explicaciones. O el gobierno de Sheinbaum tiene problemas muy serios de eficacia y coordinación, o bien las autoridades están mintiendo, y lo hacen tan mal que solitas exhiben su mendacidad.