Si se tratara de un edificio de diez pisos, Claudia Sheinbaum viviría en el siete, mientras que su partido se alojaría en el tercer nivel de la construcción. ¿Cómo explicar las cuatro pesadas losas que les separan?
No hay análisis que alcance para comprender esta distancia. Si la gente está contenta con su Presidenta –entre 71 y 74 por ciento aprueba su gestión– ¿por qué Morena sólo logra el 34 por ciento de las valoraciones positivas?
La encuesta nacional de seguridad pública urbana (ENSU), liberada por el Inegi el día de ayer, ofrece una pista interesante para profundizar en las razones de esta fractura. Colocando la lupa sobre esos números se observa que la población está insatisfecha con las administraciones de Morena en las principales ciudades del país.
La mayoría de las encuestas confirman que la inseguridad ocupa el lugar más importante en la lista de prioridades de la ciudadanía. De acuerdo con la casa encuestadora Mitofsky, una de cada dos personas considera este tema como el principal. Gallup confirma el mismo sentir: 42 por ciento señala a la inseguridad como la alarma que suena más fuerte.
Sin importar cuánto esfuerzo haya puesto el gobierno federal para dar a conocer la caída en algunos indicadores de violencia, la mayoría de la población se sigue sintiendo igual de insegura que hace un año.
Recientemente, la administración de Sheinbaum presumió una notable reducción en el número de homicidios dolosos cometidos por día. Entre marzo de 2025 y marzo de 2026 el país pasó de un promedio de 137 a 51.4 asesinatos diarios; esto significaría una caída, en solo doce meses, de un 61.7 por ciento.
Contrasta esta información con la percepción de inseguridad que prevalece entre la mayoría. De acuerdo con la ENSU, en marzo del año pasado, 61.9 por ciento de la población mayor a 18 años –que vive en las 91 ciudades más habitadas del país– consideró que su comunidad era insegura. En marzo del 2026, el 61.5 por ciento volvió a manifestar el mismo sentir. Es decir, que la mejora en la percepción fue de solo 0.4 por ciento.
Siendo el homicidio doloso el indicador más socorrido para medir la violencia general, no se entiende por qué, en un mismo periodo, cayó la cifra de asesinatos en un 61.7 por ciento, mientras que la percepción de inseguridad únicamente se redujo en un 0.4 por ciento.
O bien la población no cree en las cifras aportadas por el gobierno federal, o el resto de los indicadores de violencia (robo, extorsión, agresiones, etc.) pesan más en la experiencia de inseguridad que las muertes violentas.
La ENSU ayuda también a ponderar la asignación de responsabilidades que hace la ciudadanía respecto de la inseguridad. De acuerdo con este reporte, la gente no está contenta con los gobiernos municipales de Morena. Según el Inegi, de los diez gobiernos municipales mejor evaluados siete están en manos de la oposición y solo tres en las de Morena.
Destacan Apodaca (PAN/PRI), Saltillo (PRI), San Pedro Garza García (PAN), San Nicolás de los Garza (PAN), Ixtapa-Zihuatanejo (PAN/PRI), Fresnillo (PAN/PRI) y San Luis Potosí (PAN). A la lista de los mejores únicamente pertenecen a Morena los gobiernos de Piedras Negras, Ciudad del Carmen y Nuevo Laredo.
En sentido contrario, siete de los diez gobiernos peor evaluados por la ENSU son administrados por Morena y sólo tres por la oposición. Entre los morenistas se encuentran Cuautitlán Izcalli, Ciudad Obregón, Los Cabos, Mexicali, Chetumal, Chimalhuacán y Reynosa.
Los gobiernos con la percepción más negativa, que están administrados por la oposición, serían Zacatecas (PAN/PRI) y Colima (PAN). Puerto Vallarta, gobernado por el PVEM, ocupa el noveno peor lugar.
En este punto del argumento es relevante precisar que Morena y sus aliados gobiernan alrededor de 45 por ciento del total de los municipios del país. Por tanto, que siete de los diez municipios con más baja calificación tengan gobiernos morenistas lleva a concluir una tendencia que, a su vez, se ve corroborada cuando la proporción se invierte respecto a los municipios mejor evaluados.
En resumen, la gente no parece estar contenta con la capacidad de gestión de la inseguridad a cargo de los gobiernos del partido mayoritario. En sentido inverso, valora con mejores notas a las administraciones encabezadas por la oposición.
La ENSU proporciona otra serie de indicadores que sirve para confirmar esta hipótesis. De los diez municipios donde se percibe la disminución más grande de la inseguridad, nueve están gobernados por la oposición. En sentido opuesto, ocho de los diez municipios donde se aprecia un crecimiento de la inseguridad pertenecen a Morena.
Torreón es la demarcación que en el último año mostró una notable reducción de la percepción de inseguridad: menos 22.1 por ciento. Este municipio está gobernado por el PRI. Le sigue Fresnillo (PAN/PRI) con una reducción de 18.8 por ciento. Luego Tapachula (Morena) con una cifra similar. Este es el único municipio morenista al que la ENSU puso una estrella en la frente.
Los restantes siete municipios distinguidos por haber mejorado la sensación de seguridad están gobernados por partidos opositores: Lerdo (PAN/PRI), Guadalupe NL (MC), Santa Catarina (MC), San Luis Potosí (PAN), Apodaca (PAN/PRI), Morelia (PAN) y San Nicolás (PAN).
Ahora bien, cuando se revisan los datos referentes a los municipios donde la inseguridad empeoró, ocho de los diez municipios más destacados por su mal desempeño están administrados por Morena y únicamente dos por partidos de la oposición.
En Zapopan y Guadalajara se percibe que la inseguridad ha crecido y ambos pertenecen a Movimiento Ciudadano. Los demás sitios señalados por el empeoramiento de la violencia se encuentran ocupados por gestiones morenistas: La Paz, Tonalá, Los Cabos, Tepic, Reynosa, Ciudad Juárez y la alcaldía Iztacalco.
Son varios hallazgos los que se encuentran al cruzar los datos recientes de la ENSU con los partidos que gobiernan las principales ciudades del país. Si bien existe un reclamo generalizado por la percepción de inseguridad, al parecer no es a la presidenta Sheinbaum a quien se le asigna la mayor carga, sino a los gobiernos municipales de Morena.
Esto explicaría, en parte, por qué, mientras la popularidad de la mandataria está por las nubes, la valoración de su partido vuela bajo.