Memoria de la Navidad

Ciudad de México /

La Navidad es un rito que pesca de las patas a los recuerdos para que no se vayan definitivamente. Aún si no tuviera un calendario a mano, sabría que es diciembre porque en esta época del año mi cerebro intensifica su actividad memorística.

Hechos, cosas y personas que en otro momento habrían permanecido arrumbadas en el sótano de mi conciencia, consiguen licencia para desfilar al mismo tiempo que las luces de la calle trepan por los árboles de las principales avenidas de la ciudad.

En Navidad mis padres vuelven a ser muy jóvenes y yo revivo la experiencia de ser un niño de cuatro años abrazado por una tribu inmensa.

No existe una teoría general que sirva para explicar por qué algunas memorias permanecen, mientras que otras resbalan por el acantilado de la prescripción.

Con todo, hay marcadores que sirven para estabilizar las partículas del pasado que nos constituye. La Navidad es una de esas referencias. Gracias a esta festividad tengo certeza, por ejemplo, de la fecha en que mi abuelo nos dejó plantados para la cena. Como si hubiera sido hace unos cuantos días recuerdo que estábamos comprando regalos cuando llegó a oídos de mi padre la triste noticia.

Esta vez será mi padre quien deje vacío su asiento en la mesa. En diciembre pasado anunció que quería una gran fiesta, porque iba a ser la última, y lo cumplió. Antes de retirarse, reunió a la tribu y consiguió confirmar los lazos que nos reúnen.

Las fotografías de la Navidad pasada salvarán del olvido su último 24 de diciembre. Las miro y pienso que no hay distancia imposible de salvar cuando la tribu se sienta a la mesa. Pierden hondura los pretextos y también las fronteras. El desencuentro, la riña, la pelotera y la incomprensión se mitigan no tanto por la Navidad sino por los recuerdos de las muchas navidades pasadas juntos.

Un día me tocará a mí ser el ausente de la mesa. Me pregunto cuáles serán entonces los recuerdos de la tribu. Me deja tranquilo saber que, quienes van tomando el relevo, son gente luminosa y de bien.

Zoom: La Navidad es un antídoto contra el olvido. Ayuda a seleccionar aquellas razones que nos abrazan y que abrazamos con nuestra mejor humanidad.


  • Ricardo Raphael
  • Es columnista en el Milenio Diario, y otros medios nacionales e internacionales, Es autor, entre otros textos, de la novela Hijo de la Guerra, de los ensayos La institución ciudadana y Mirreynato, de la biografía periodística Los Socios de Elba Esther, de la crónica de viaje El Otro México y del manual de investigación Periodismo Urgente. / Escribe todos los lunes, jueves y sábado su columna Política zoom
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