Llevo un par de días pensando a Narges Mohammadi, resistente frente al régimen de terror que ha gobernado Irán durante los últimos cuarenta y siete años.
En diciembre de 2024 tuve el honor de acompañar a su marido, Taghi Rahmani, para presentar Tortura Blanca, libro de memorias publicado en castellano (Alianza Editorial), un año después de que ella mereciera el Premio Nobel de la Paz.
En voz de Rahmani, el mensaje de Narges recorrió aquel salón de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, provocando un tsunami de empatía.
“Recordar es una forma de resistencia”, propone ella después de haber vivido aislada durante años, sin acceso a la lectura, a la conversación, inclusive a los sonidos.
Llamó Tortura Blanca a este libro de memorias para denunciar las celdas blancas, inundadas con luz permanente, que la privaban de cualquier otro estímulo.
Durante veinte años ha entrado y salido de la prisión. La penúltima ocasión fue hace cinco años, en represalia por haber protestado contra el asesinato de un colega activista. Esta vez la brutalidad fue tanta que, a finales de 2024, tuvieron que dejarla libre por los padecimientos pulmonares, cardiacos y neurológicos adquiridos durante su confinamiento. Sin embargo, un año después sería de nuevo detenida por el régimen del ayatolá Alí Jamenei.
Taghi y Narges tienen dos hijos gemelos que nacieron en 2005: “Mis hijos crecían en mi ausencia, y yo envejecía en la suya”, confía en sus memorias.
Taghi comparte que, cuando nacieron los menores, él y su mujer sabían que no verlos crecer podría ser el costo más doloroso de la resistencia.
“Ser madre en prisión es aprender a vivir con una herida abierta”, refirió Narges Mohammadi.
El fin del régimen de los ayatolás está sucediendo al tiempo que escribo estas líneas. La prensa y la gran política están dando cuenta de este hecho relatado en clave de macrohistoria.
Mientras tanto, a mí me asalta la acción y la palabra ejercidas durante más de dos décadas por esta formidable defensora de derechos humanos, quien ha pagado los costos más elevados que una persona puede invertir para convertirse en referente moral de resistencia frente al opresor.
Zoom: Quisiera imaginarme que pronto Taghi Rahmani y Narges Mohammadi podrán reunirse de nuevo, con sus dos hijos, en un país donde la tortura blanca no vuelva a vivirse jamás.