Prisión en vez de abrazos

Ciudad de México /

En una extrañísima cabriola de la política “abrazos no balazos”, ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador se puso del lado de la política criminal más dura.

Las cárceles mexicanas están pobladas por personas inocentes a quienes se les roban cinco, diez, quince y hasta veinte años de su vida porque en México se condena a la gente antes de ser juzgada.

No se trata de una mera anécdota. El Ministerio Público usurpa una facultad que debería ser exclusiva de los jueces cuando decide quién va a la cárcel y quién queda libre.

Basta con que las fiscalías del país fabriquen una acusación de delito grave para que la existencia de ese ser humano transcurra entre cuatro paredes durante una larga, a veces muy larga, temporada.

La evidencia abunda y sin embargo las personas juzgadoras no pueden contrarrestar tal arbitrariedad porque tanto la Constitución como el Código Nacional de Procedimientos Penales les impiden estudiar cada caso por sus méritos y decidir, en función de criterios objetivos, si la persona debe permanecer en prisión mientras se valora su caso o puede hacerlo, por ejemplo, encerrada en su domicilio o de plano en libertad.

La prisión preventiva oficiosa asume que todos los jueces son corruptos, un argumento que comparte el primer mandatario cuando afirma que eliminarla “tiene como fondo preservar la impunidad”.

Lo que propone su gobierno como solución es que las cárceles continúen pobladas, en más de un 40 por ciento, por jóvenes pobres que no tienen para pagar un abogado que les defienda de una condena sin sentencia por haber sido arbitrariamente acusados de cometer delitos que jamás cometieron.

No son ni la impunidad ni la corrupción las verdaderas consecuencias de eliminar la obligación que hoy tienen los jueces de meter a la cárcel a las personas que no han sido sentenciadas, sino ponerle punto final al salvajismo de encarcelar a miles de inocentes.

Evitar que paguen justos por pecadores es una responsabilidad del Poder Judicial frente a lo cual el Ejecutivo debería imponerle prudencia a su elocuente necedad.

Zoom: la política de abrazos no balazos es una categoría cada vez más sospechosa. ¿Para quién realmente son los abrazos, la prisión, la libertad, los balazos o la impunidad? 

@ricardomraphael

  • Ricardo Raphael
  • Es columnista en el Milenio Diario, y otros medios nacionales e internacionales, Es autor, entre otros textos, de la novela Hijo de la Guerra, de los ensayos La institución ciudadana y Mirreynato, de la biografía periodística Los Socios de Elba Esther, de la crónica de viaje El Otro México y del manual de investigación Periodismo Urgente. / Escribe todos los lunes, jueves y sábado su columna Política zoom
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