La salida de Adán Augusto López de la coordinación senatorial de Morena fortalece el liderazgo político de la presidenta Claudia Sheinbaum.
López llegó a ese cargo por una decisión tomada por Andrés Manuel López Obrador, el año previo a que se celebraran los comicios federales de 2024.
En julio de 2023, el ex presidente redactó de su puño y letra las reglas bajo las cuales debían competir las llamadas corcholatas para ganar la candidatura presidencial de su partido.
Quizá la regla más relevante fue aquella que permitió asegurar a las personas contendientes de que la derrota eventual no significaría abandonar el corazón del poder dentro del movimiento.
Al final así fue: Marcelo Ebrard entró al gabinete, Ricardo Monreal consiguió el liderazgo en la Cámara de Diputados, Gerardo Fernández Noroña se convirtió en el presidente del Senado y Adán Augusto López, ahí mismo, el coordinador del partido guinda.
Si bien es cierto que aquellas reglas aseguraron la unidad, también lo es que permitieron a López Obrador continuar influyendo a través de sus más cercanos.
En el Senado, Alejandro Esquer y Adán Augusto López han sido las correas de mando desde las cuales se impulsó y ejecutó el llamado plan C, también concebido por López Obrador.
Prácticamente todos los puntos de esa agenda han sido ya desahogados. Acaso solo queda pendiente la reforma electoral.
Claudia Sheinbaum supo subordinarse a su movimiento y, por tanto, condescender tanto con los mandatos como con los personeros del ex presidente.
Llegó por fin la hora de liberarse para que su gestión al frente del país encuentre identidad propia.
La salida de Adán Augusto López no se debe a su relación con Hernán Bermúdez Requena, tampoco al supuesto repudio del gobierno de Estados Unidos, ni a su abultado pero inexplicable patrimonio.
Se entiende como un mensaje claro de que la Presidenta no compartirá más el timón del barco.
La llegada de Ignacio Mier a la coordinación del grupo parlamentario también marcará un acotamiento importante respecto de la influencia que ha tenido Alejandro Esquer, el ex secretario particular de López Obrador.
Zoom: La mandataria se ve cada día más cómoda con el alto cargo que desempeña y es que ha saldado casi por entero la deuda política con la que llegó al poder.