El martirio de Marx

Ciudad de México /

Marx Arriaga llegó a su puesto no por sus logros o talentos, qué va, eso sería un parámetro capitalista y neoliberal, sino gracias a su cercanía con Beatriz Gutiérrez Müller. Cuando llegaron al poder lo hicieron director de Bibliotecas Públicas, donde su gestión estuvo marcada por la prepotencia, las denuncias de abuso laboral y un discurso donde nos dijo a las mujeres que no fuéramos babosas, que, si queríamos ser libres, que leyéramos tantito.

De allí saltó en 2022 a la jefatura de la Nueva Escuela Mexicana y, con ella, a la encomienda de elaborar los libros de texto gratuitos. Gratuitos los libros, porque él cobraba un sueldo neto al mes de 136 mil 990 pesos. Gutiérrez festejó el nombramiento así: “Tu sensibilidad, tu preparación, tu inmensa cultura, tu fina elocuencia, tus premios, certificaciones y altos reconocimientos te sitúan en el lugar indicado para esa encomienda”. Esa inmensa cultura ha de haber sido la causa de que los libros vieran la luz con abundantes errores de ortografía, de que mostraran el esfínter humano en la garganta, los planetas en desorden, a Guanajuato y Querétaro catafixiados en el mapa, el natalicio de Benito Juárez con la fecha equivocada y las manos con seis dedos, entre otros detallitos.

Hay que notar que a Arriaga no lo despidieron por afrentoso o inepto, sino porque tiene un año intentando sabotear a la Presidenta y, en particular, a Mario Delgado, su secretario de Educación: “¿Qué está haciendo el gobierno federal? Traicionar”, dijo hace poco en Balancán, Tabasco, y pidió formar “comités de defensa del obradorismo” y de la Nueva Escuela Mexicana dentro de la SEP, con la intención de reventar a la SEP, a la que acusa de corrupta.

En el video de su despido se le puede ver cucando a un hierático policía que nunca se le acercó ni le dirigió la palabra, pidiéndole que lo siguiera cuando se rezagaba, no fuera a ser que la cámara lo captara sin la coerción opresora: “Anímese a colocarle las esposas a quien creó los libros de texto”, le decía al pobre uniformado, como si el quasimodo antipedagógico que parió le fuera a granjear sus letras de oro en la rotonda de los hombres ilustres.

Al llegar finalmente a su oficina, adornada con un enorme retrato de su hirsuto tocayo, Arriaga rehusó entregar el cargo, amenazando que solo lo sacarían de allí por la fuerza. Grande fue su decepción cuando el mensajero de su cese nomás le dijo pues ta bueno, y se fue. Solito y entero, pero en resistencia, prontamente convirtió al espacio en una sucursal del auditorio Che Guevara —¡hasta la ignorancia, siempre!—, aclarando que no se aferraba al puesto, sino al rechazo a que modificaran su opus magnum. Hasta ayer por la noche, ya habiendo sido oficialmente sustituido por la poeta Nadia López, allí seguía, transmitiendo su verborrea castrochavista en Facebook que, en su mejor momento, fue atendida por una centena de personas.

Delgado nos hizo saber que ellos fueron generosos, que para que se fuera en paz le ofrecieron un cargo como embajador, pero que Arriaga lo rechazó. Es bueno saber que nuestra imagen internacional le importa a Morena un poco menos que la educación de nuestros niños.


  • Roberta Garza
  • Es psicóloga, fue maestra de Literatura en el Instituto Tecnológico de Monterrey y editora en jefe del grupo Milenio (Milenio Monterrey y Milenio Semanal). Fundó la revista Replicante y ha colaborado con diversos artículos periodísticos en la revista Nexos y Milenio Diario con su columna Artículo mortis
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