M+.- El pasado 17 de septiembre nuestras autoridades cacarearon el decomiso de huachicol más grande de la historia de México: en el municipio de San José Iturbide, Guanajuato, un cateo aseguró 59 millones de litros “con características de diesel, gasolina regular y Premium”. Sólo en ese golpe apañaron casi lo mismo que en todo el año pasado.
La Fiscalía General de la República estuvo a cargo de la investigación, que comenzó desde el 3 de julio, luego de seguir y de detener a una sospechosa pipa que no pudo acreditar la legitimidad de su carga entre el municipio de San Luis de la Paz, el de Dolores Hidalgo y, finalmente, el predio de San José.
En una conferencia en el sitio, Omar García Harfuch dijo que, aparte del conductor de la peripatética pipa, no hubo ningún arresto porque no encontraron a nadie cuando entraron como Custer a Little Bighorn, y que tampoco saben si el hidrocarburo fue robado en México, si fue cruzado de Estados Unidos o si bajó del cielo como negro maná.
Ernestina Godoy, la fiscala carnala, luego añadió que en el operativo habían participado el Ejército, la Guardia Nacional, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y la de Seguridad Pública de Guanajuato. Que durante más de 70 días estuvieron infatigables reuniendo evidencias y que, con la solidez de éstas, obtuvo las correspondientes órdenes judiciales del exitoso cateo.
Total, que todos se daban sendas palmaditas en la espalda cuando Gas Natural del Noroeste, empresa del grupo Simsa, bien conocida en el área de la Laguna y propietaria del changarro —aunque no de las gasolinas, que a la fecha no parecen tener dueño—, salió a decir que el decomiso había sido precipitado, que le había hecho llegar a la fiscalía sus documentos y una lista de sus clientes, todo en regla, que la operación de sus instalaciones era tan legal como legítima y que había sido avalada y supervisada por autoridades federales, estatales y municipales. La cereza en el pastel es que fue en buena parte gracias a las reservas en poder de esa empresa que México se salvó de una crisis mayúscula cuando, a fines del 2018 y principios de 2019, López Obrador cerró los ductos de gasolina y la refinería de Salamanca diciendo que lo hacía para combatir al huachicol, cuando en realidad fue para tapar la inexperiencia e ineptitud de Octavio Romero —el mismo que con su trabajo y esfuerzo se hizo de unos humildes terrenitos—, entonces recién nombrado director de Pemex y hoy premiado con el pastel del Infonavit, porque ya vimos que la medida de la virtud en el gobierno de los moralmente superiores es la lealtad al mesías tropical, nunca al país.
Ups. Ante la megapifia del megadecomiso la Presidenta le sacó al megabulto remitiendo al respetable con la fiscal Godoy, quien de inmediato ordenó que la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada atrajera la carpeta guanajuatense para, dijo, analizar bien esas pruebas que horas antes seguía presumiendo como de hormigón. La gobernadora de Guanajuato optó por cantinflear de lo lindo y de García Harfuch no sabemos nada.
Qué redondas vergüenzas.