Hace seis años, cuando nueve mujeres y niños fueron asesinados y calcinados en una carretera cerca de Bavispe, Sonora, Javier Sicilia y Julián LeBarón organizaron La Marcha por la Paz, la Verdad y la Justicia para pedirle al entonces presidente López Obrador un cambio en su estrategia de seguridad que, en los hechos, consistió en darle carta blanca al narco. AMLO no sólo no cambió un ápice a su inacción ante el crimen organizado, sino que ni siquiera recibió a los organizadores, rechazo al cual quizá tuvo derecho pero, como ha sido su costumbre, para mandarlos a volar los despreció como si sus demandas fueran hechizas, como si no fueran las de todos los mexicanos y, encima, las más lacerantes palabras de su corrosivo sexenio: “No los voy a recibir yo, los va a recibir el Gabinete de Seguridad para no hacer un show, un espectáculo, no me gusta ese manejo propagandístico… tengo que cuidar la investidura presidencial, como decía don Adolfo Ruiz Cortines, no soy yo, es la investidura”. Eso sí; apenas un mes después, lo vimos, con todo y su investidura, arrastrarse a darle el besamanos a la mamá del Chapo.
Su sucesora parece seguir a pie juntillas el mezquino manual de su padrino político, negándose a recibir o siquiera a escuchar a los colectivos de madres buscadoras. Sheinbaum ha intentado una y otra vez maquillar y minimizar las cifras de los desaparecidos en su sexenio, cuando, por la continua complicidad de su movimiento con el crimen organizado, el problema alcanzó cifras infernales, y no ha tenido una sola palabra de aliento o siquiera de empatía para quienes dejan el alma haciendo el trabajo que cualquier gobierno mínimamente decente debía estar haciendo. Para negarles el saludo, la Presidenta ha dicho que quien debe atenderlas no es ella, sino su secretaria de Gobernación, o su fiscal general, Ernestina Godoy. Tanto Gobernación como la misma fiscal, luego de que las madres hicieran una marcha de protesta en la capital a punto de inaugurarse el Mundial de futbol, prometieron solemnemente investigar, pero no el paradero de los miles de ausentes, ni a los cárteles que los arrancan inmisericordemente de las vidas de sus seres amados, sino al supuesto financiamiento que le permitió a los colectivos congregarse en Ciudad de México, rematándolas con la acusación de estar manipuladas por grupos “de derecha”.
A quien sí recibió la Presidenta en Palacio, presentándolo en la mañanera como toda una estrella, es al pato Merlín. Sheinbaum entró, toda sonrisas, acompañada de la dueña de la linda mascota que, hay que decirlo, no tiene ninguna vela en el entierro de nuestra patria y mucha alegría nos ha dado cuando más la necesitamos, y dijo así: “Como somos nosotros es un asunto de humanismo, de que se conozca a la familia, quiénes son, su problemática y obviamente el vínculo que establecemos es humanista”.
Que haya quien siga pensando que estos son moralmente superiores a una derecha de petate del muerto, o a un PRI cuyos miembros que robaron más están hoy todos en Morena, es como para botarle la tapa de los sesos al más pintado.