¿Qué nos pasa?

Ciudad de México /

A pesar de las encuestas catastróficas de los últimos meses sigo pensando que Trump tiene poca oportunidad de recuperar la Presidencia en 2024. No solo porque falta mucho para el día de la elección, ni porque penden sobre el agente naranja más de 90 cargos, sino porque, en los hechos, prácticamente en cada sufragio que ha habido desde que éste envió a sus turbas a incendiar el Capitolio el 6 de enero, y más desde que su Suprema Corte tiró la despenalización del aborto a nivel federal, los votantes estadunidenses han rechazado a quienes se alinean con las consignas del ex presidente, y no solo en los estados demócratas, sino en el sur más rojo y profundo. Y estos son hechos, no figuraciones.

Con todo, me deja patidifusa que haya entre 30 y 40 por ciento de gringos dispuestos a volver a darle el poder a Trump: a pesar de haber sido condenado por agresión sexual y de haber presumido poderlo hacer, por ser famoso, cuantas veces quiera; de haberse ordenado la disolución de sus empresas por fraudulentas; de habérsele probado adulterio con una estrella porno recién nacido su último hijo; de haber matado a millones de sus ciudadanos con sus políticas oscurantistas alrededor de la pandemia; de las abundantes evidencias de su crasa mezquindad, su desprecio por la verdad y la inteligencia; a pesar de haberlo visto una y otra vez lucrar con el puesto, enalteciendo a las personas menos calificadas y postrándose cobardemente una y otra vez ante los peores dictadores, poco menos de la mitad de los 150 millones de gringos lo consideran enviado de Jesús, un patriota de preclaros valores que va a proteger a los Estados Unidos de sus enemigos y volverlo un faro de luz para el mundo.

Lo peor es que este asombro mío es ya una mancha imparable: cuando, luego de décadas endiosando a los peores populistas, los más cínicos, ineptos, corruptos y sinvergüenzas —ganaron incluso luego de ser vistos escondiendo sacos de dinero, rolex y armas semiautomáticas por los patios de un convento—, los argentinos decidieron por fin dar un cambio de timón, le entregaron el poder por más de 12 puntos a un orate que, además de estilarse como un imitador de Elvis región V, se dice libertario porque propone la portación irrestricta de armas, o la posibilidad de que la gente venda sus órganos en el mercado libre si así lo quiere, al tiempo que dice hablar con su perro muerto y ser instructor de sexo tántrico mientras jura cancelar en las escuelas la educación sexual porque “atenta contra la familia”.

En México la ineptitud, la estulticia asinina, la corrupción, el quebranto económico y la crueldad mezquina que nos ha recetado el transformador de cuarta y su camarilla están allí, a la vista del portador, igual que las claras intenciones de López Obrador de no soltar el poder por las buenas o por las malas, instalando su neomaximato castrense y desmantelando nuestra frágil democracia; al diablo la voluntad popular. Con todo, su regenta, que además de todo lo anterior tiene el encanto de un pan mohoso, aparece como puntera en todas las encuestas.

Esta humanidad de plano no es seria, oigan.


  • Roberta Garza
  • Es psicóloga, fue maestra de Literatura en el Instituto Tecnológico de Monterrey y editora en jefe del grupo Milenio (Milenio Monterrey y Milenio Semanal). Fundó la revista Replicante y ha colaborado con diversos artículos periodísticos en la revista Nexos y Milenio Diario con su columna Artículo mortis
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