El juicio a García Luna está por terminar. Hoy concluirá el contrainterrogatorio de Reynaldo El Rey Zambada para dar paso a un par de testigos más y a las deliberaciones del jurado que, esas sí, no serán breves.
A Zambada, hoy libre bajo supervisión, le fueron descongelados sus bienes y su familia fue reubicada a los Estados Unidos gracias a su cooperación: se veía considerablemente más entero que hace tres años, cuando testificó contra Guzmán en su uniforme de preso. Confirmó con detalle que estuvo presente cuando García Luna, a punto de ser nombrado secretario de Seguridad, recibió del cártel de Sinaloa tres y dos millones de dólares en un privado del extinto Champs Elysées. Que éste le dijo que estaba comprometido con los Beltrán Leyva, pero que le ayudaría espantándole posibles cargos y poniéndole comandantes a modo; cuando los Beltrán descubrieron la duplicidad al año o dos, secuestraron al secretario. Asunto de que éste viera quién mandaba.
Zambada también dejó en claro que, a partir del año 2000, cuando los mexicanos festejábamos la caída de la dictadura con la llegada de Vicente Fox a la silla, el mismo año cuando López Obrador asumió la jefatura del gobierno capitalino, la Ciudad de México le perteneció entera, en especial el aeropuerto, por donde pasaba entre 100 y 200 toneladas de coca al mes en maletas, avionetas y hasta aviones de carga. Al menos hasta el 2008, cuando fue capturado luego del ultimátum que le dieron al funcionario sus verdaderos patrones, los Beltrán, quienes en realidad, contó, iban a asesinarlo acompañados de funcionarios de la AFI, todos indistintamente portando charola y uniforme oficial. Se salvó porque intervino la Secretaría de Seguridad capitalina, la que comandaba Ebrard; lo procesaron para evitar su muerte porque “eran mis amigos”, dijo.
Explicó que, cuando la droga llegaba en maletas, éstas traían una u otra pequeña seña que los cargadores del aeropuerto conocían; advertidos, las marcadas eran sacadas del carrusel y llevadas a las oficinas de los federales de caminos, donde el capitán Guillermo Báez, quien gustaba portar pistolas con cachas de oro y endiamantadas, las subía a sus patrullas para transportarlas a las bodegas del Rey. ¿Las avionetas? En su mayoría procedentes de Venezuela, eran registradas como charters turísticos, llevadas a los hangares y descargadas por personal de la PGR que las llevaban en sus camionetas a las direcciones acordadas. Los de carga, que llevaban entre 1 y 5 toneladas de polvo cada uno, “o lo que permitiera el gobierno”, eran revisados por personal de aduanas y luego… ya se saben el cuento.
Quizá el proceso no tuvo la contundencia probatoria que juraban los fiscales y a la cual nos tienen acostumbrados los litigantes del distrito Este de Nueva York. Con todo, apostar a que el ex funcionario se irá en blanco es un tanto prematuro; lo indudable es que, si bien los acusadores se han quedado cortos a la hora de demostrar la corrupción de García Luna y su complicidad con el narco, las del gobierno mexicano, a todos los niveles y de todos los partidos, quedaron plasmadas a cabalidad.
@robertayque