Tiempo vivido

Decepción galopante

Rodolfo Esparza Cárdenas

La polarización de la sociedad mexicana nació cuando Iturbide proclama la independencia bajo las premisas de conservar los valores políticos, sociales y religiosos del virreinato, en contradicción con los principios anhelados por los insurgentes. 

El error de Guerrero de pactar la paz ante al agotamiento de diez años de lucha, evidenciado al salir a relucir los verdaderos propósitos de Iturbide, resultó una tregua de la cual se pasó a la lucha entre los partidarios de la monarquía y el statu quo y los insurgentes sobrevivientes; de ahí transitamos a la misma confrontación entre centralistas y federalistas, conservadores y liberales, hasta desembocar en treinta años de aparente calma impuesto por la dictadura, donde la miseria del pueblo analfabeta y explotado bajo la sombra de la autocracia, prometió ser abolida y reivindicada por la revolución maderista; los errores de Madero desencadenó un golpe de estado y de ahí siguió la verdadera Revolución, la de Carranza que rescató en la carta Magna del 17, las urgentes reivindicaciones sociales plasmadas en los artículos 3º, 27 y 123, que dieron origen al nacionalismo revolucionario.

Desde luego estamos conscientes que esas reivindicaciones esperadas fueron traicionadas al soterrarse sus metas por Obregón, hasta dar un giro de 360 grados con Salinas y con Zedillo que de plano entregó el poder a la reacción, aprovechando la derechización del PRÏ al inclinarse a la globalización y el neoliberalismo que abrió nuevamente la puerta para el domino de México por los capitales extranjeros y ricos creados por esos gobiernos neoliberales. 

Peña Nieto pareció la promesa de recobrar el rumbo, pero resultó peor que todos.

Esa fue la plataforma que permitió a López Obrador acaudillar el hartazgo de los mexicanos, de ver la fábrica de ricos por la corrupción y la impunidad, a pesar del establecimiento de contrapesos legales e institucionales, que en teoría cumplían con la gobernanza.

Pero López Obrador, en lugar de fortalecer las instituciones creadas para democratizar los controles sobre el gobierno; con signos que traslucen acciones del fascismo, ha ido contra todo lo que limite su poder y sus erráticas decisiones, incluyendo los poderes legislativo que ya controlaba y judicial, inaugurando así un régimen de terror, aunque “democrático”.

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