El Nigromante

  • Tiempo vivido
  • Rodolfo Esparza Cárdenas

Laguna /

Hemos comentado que aquella generación del 57, reunió mexicanos de excelsos perfiles culturales, políticos, en cierta manera antihispanistas, (aunque amantes de los escritores como Cervantes o Quevedo, por ejemplo) defensores de la libertad de pensamiento para producir luces de la razón y la ciencia a fin de criticar el viejo orden y proponer reformas radicales. 

En conjunto y por separados aquellos liberales se anotan entre los mejores mexicanos de nuestra historia, líderes en un tiempo aciago que dieron rumbo definitivo al México, que se hacen más notorios ante la ausencia de dirigentes auténticos ya no digamos de gran calado, sino de escaso calado para guiar a nuestro país.

El 22 de junio se conmemoran 204 años del nacimiento de Juan Ignacio Paulino Ramírez Calzada, de ascendencia purépecha y mexica, hijo de un importante liberal federalista, que apoyó la Constitución de 1824 y fue vicegobernador de Querétaro; así que Ignacio Ramírez, El Nigromante, seudónimo de raíces oscurantistas y diabólicas con nexos en la adivinación, que contradijo siempre su actividad política y literaria a favor de liberalismo y la reforma, no podía tener otro carácter.

Se registra en su biografía su irrupción en la vida cultural mexicana cuando en 1837 solicita su ingreso a la Academia de San Juan de Letrán y abre su discurso con las palabras que causaron gran escándalo: “No hay Dios, los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismo”. 

Fue polifacético: abogado, periodista, político, académico, literato y más durante su fructífera vida, fue un hábil e insistente promotor de una vida social renovada fincada en la movilización que aporta la razón, la ciencia y sobre todo la educación. 

Alguna vez escribió Antonio Caso, ex rector de la Universidad Nacional de México y fundador del Ateneo de la Juventud: 

“Entre los ideólogos liberales de la generación de la Reforma sobresale Ignacio Ramírez: penetrante, sagaz ante los problemas de la organización del país… Fue uno de los mexicanos, más grandes y más puros, y cuando el historiador de las ideas busque al hombre representativo de aquella época gloriosa… escribirá su nombre”.

Haría mucho bien a los políticos de hoy, leer la biografía y las obras de El Nigromante, no solo para que adquieran bagaje cultural, sino para que puedan construir mejores concepciones.

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