Misiones culturales

  • Tiempo vivido
  • Rodolfo Esparza Cárdenas

Laguna /

Hemos comentado con anterioridad, que la educación mexicana pasa por la peor crisis de su historia, después de la revolución mexicana; sus dos últimas secretarias de educación, sin perfil suficiente y necesario para ocupar tan importante Secretaría, han estado afanadas en llevar a la involución más cruenta a la tarea encomendada de ofrecer educación a los niños y jóvenes, además de empobrecer a los otros niveles educativos.

Ha habido momentos verdaderamente importantes, y vale decir que hubo tiempos mejores. 

Mañana se cumplirán noventa y nueve años de la promulgación del decreto que fundó las Misiones Culturales, fue una respuesta inteligente para remontar el abandono que había sufrido ese derecho para las clases campesinas y sobre todo indígenas. 

Federalizados los servicios educativos, en el primer presupuesto del año de 1921, aparecieron los delegados instaladores de escuelas en los Estados y Territorios, inspectores y maestros de escuelas rudimentarias, pero sobre salieron, 50 maestros misioneros ambulantes; para 1922 aumentaron a 77, más 100 maestros rurales residentes. 

El modelo educativo se sustentaba en la escuela de la acción, propuesta de John Dewey que preconizaba una educación activa, dinámica y ajustada a las necesidades y características de la comunidad.

La primera misión cultural la integraron el Ing. Roberto Medellín, oficial mayor de la SEP; el profr, Rafael Ramírez Castañeda quien enseñó jabonería y perfumería; Isaías Bárcenas, curtiduría; Rafel Rangel, agricultura; Fernando Albiati, música; Alfredo Tamayo educación física; Dr, Ranulfo Bravo quien era el encargado de la aplicación de vacunas. 

Se escogió el municipio de Zacualtipán, Hidalgo, lugar de nacimiento de Felipe Ángeles; el líder pedagógico era Rafael Ramírez, gran luchador por la escuela rural mexicana. 

Ahí se formaron tres grupos; uno de 54 maestros rurales, otro de 120 vecinos que querían aprender conocimientos prácticos incluso que generaran ingresos y el de 82 alumnos. 

Los campesinos indígenas recibieron su capacitación en sus propias parcelas. El éxito se repitió en Cuernavaca, pero pronto los hubo en Puebla, Iguala, Colima, Mazatlán, Hermosillo, Monterrey, Pachuca y San Luis Potosí. 

Esa acción sí fue una transformación para las zonas rurales e indígenas de todo México.

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